Raúl Dubón

Articulo 02 Anclaje Material Wood

Este artículo examina la recuperación del materialismo histórico de Ellen Meiksins Wood como respuesta a la disolución posmarxista de la especificidad del capitalismo.

Descargar PDF

El anclaje material y sus límites

Ellen Meiksins Wood y la especificidad del capitalismo ante la heterogeneidad latinoamericana

Raul Dubón

Investigador independiente — raul.dubon95@gmail.com

Propuesta para: Cuadernos del CENDES / Latin American Perspectives

Resumen

Este artículo examina la recuperación del materialismo histórico de Ellen Meiksins Wood como respuesta a la disolución posmarxista de la especificidad del capitalismo. A partir de su crítica al posmarxismo en El repliegue de la clase (1986) y su análisis de la tensión constitutiva entre democracia y capitalismo (1995), el artículo reconstruye la contribución de Wood en tres dimensiones: la especificidad histórica del capitalismo como forma de dominación fundada en la compulsión económica; el materialismo histórico renovado como síntesis entre estructura y agencia que evita el determinismo sin rendirse al voluntarismo; y la tesis sobre la separación entre esferas pública y económica como condición de posibilidad de la democracia capitalista. El artículo argumenta que Wood ofrece el instrumental teórico más riguroso disponible para comprender el capitalismo como forma histórica específica de dominación —pero que ese instrumental enfrenta límites estructurales cuando se aplica al capitalismo latinoamericano. La invisibilidad de la colonialidad como eje organizador del trabajo, la heterogeneidad estructural de las formaciones sociales latinoamericanas, la persistencia de formas de explotación no reducibles a la relación salarial pura, y la especificidad del horizonte democrático en contextos poscoloniales: todos estos fenómenos requieren complementar el materialismo de Wood con perspectivas decoloniales que él no desarrolla. El artículo concluye proponiendo una articulación entre el materialismo renovado de Wood y las categorías de Quijano y Zavaleta como base de una teoría del sujeto histórico para América Latina del siglo XXI.

Palabras clave: materialismo histórico; capitalismo; colonialidad; clase; Wood; heterogeneidad estructural; sujeto histórico

Abstract

This article examines Ellen Meiksins Wood's recovery of historical materialism as a response to the post-Marxist dissolution of capitalism's specificity. Drawing on her critique of post-Marxism in The Retreat from Class (1986) and her analysis of the constitutive tension between democracy and capitalism (1995), the article reconstructs Wood's contribution in three dimensions: the historical specificity of capitalism as a form of domination grounded in economic compulsion; renewed historical materialism as a synthesis between structure and agency that avoids determinism without surrendering to voluntarism; and her thesis on the separation between public and economic spheres as a condition of possibility of capitalist democracy. The article argues that Wood offers the most rigorous theoretical toolkit for understanding capitalism as a historically specific form of domination—but that this toolkit faces structural limits when applied to Latin American capitalism. The invisibility of coloniality as the organizing axis of labor, the structural heterogeneity of Latin American social formations, and the specificity of the democratic horizon in postcolonial contexts all require complementing Wood's materialism with decolonial perspectives. The article concludes by proposing an articulation between Wood's renewed materialism and the categories of Quijano and Zavaleta Mercado as the basis for a theory of the historical subject for twenty-first century Latin America.

Keywords: historical materialism; capitalism; coloniality; class; Wood; structural heterogeneity; historical subject

Introducción: la necesidad del anclaje material

Cuando Laclau y Mouffe publicaron Hegemonía y estrategia socialista en 1985, Ellen Meiksins Wood respondió con una de las críticas teóricas más rigurosas de la década: El repliegue de la clase (1986). Su argumento central era que el posmarxismo, al disolver la especificidad del capitalismo en la generalidad del discurso y las identidades múltiples, perdía exactamente lo que el marxismo había ganado respecto al liberalismo: la comprensión de la dominación capitalista como una forma histórica específica de organización social con mecanismos propios y diferenciables de otras formas de dominación. Esta operación no era inocente: al disolver la especificidad del capitalismo, el posmarxismo perdía también la posibilidad de identificar qué transformaciones eran estructuralmente necesarias para superar la dominación —y se condenaba a una política de pura articulación discursiva sin criterio de evaluación.

Esta defensa del "anclaje material" no es un retorno al determinismo económico que el posmarxismo criticaba. Wood distingue con precisión entre determinismo económico —la idea de que la economía determina mecánicamente todas las otras esferas sociales— y materialismo histórico renovado —la idea de que las relaciones de producción capitalistas son una forma históricamente específica de dominación que configura, sin determinar mecánicamente, el conjunto de las relaciones sociales. Esa distinción es fundamental para entender tanto la potencia como los límites de su propuesta teórica, y constituye la base sobre la cual este artículo construye su argumento central.

La pregunta de investigación que guía este artículo es la siguiente: ¿en qué medida el materialismo histórico renovado de Ellen Meiksins Wood ofrece un fundamento teórico adecuado para analizar el capitalismo latinoamericano del siglo XXI, y cuáles son los límites específicos que ese marco enfrenta cuando se confronta con la heterogeneidad estructural, la colonialidad y las formas de explotación propias del capitalismo colonial latinoamericano? Responder esta pregunta requiere, en primer lugar, reconstruir el argumento de Wood en su doble dimensión crítica y propositiva; en segundo lugar, examinar cómo ese materialismo permite comprender la tensión constitutiva entre democracia y capitalismo; y en tercer lugar, identificar con precisión los límites estructurales del marco cuando se aplica al capitalismo latinoamericano.

El argumento central de este artículo es que Wood constituye el punto de partida indispensable para cualquier teoría del sujeto histórico en América Latina —pero que su marco requiere una ampliación decolonial que no puede proveer desde sí mismo. El materialismo histórico europeo, incluso en su versión más sofisticada, fue construido para analizar el capitalismo industrial occidental, y cuando se lo aplica al capitalismo colonial latinoamericano produce puntos ciegos estructurales que no pueden resolverse desde adentro del propio marco. Estos puntos ciegos no son defectos del pensamiento de Wood sino consecuencias de su situación epistemológica: el materialismo histórico europeo ve con precisión los mecanismos del capitalismo industrial, pero no puede ver la colonialidad como co-constitutiva del capitalismo desde su origen.

El artículo se organiza de la siguiente manera. La segunda sección ofrece un estado del arte sobre el debate clase-materialismo en sus dimensiones europeas y latinoamericanas. La tercera sección reconstruye la especificidad histórica del capitalismo en Wood. La cuarta sección desarrolla la propuesta de materialismo histórico renovado como síntesis estructura-agencia. La quinta sección examina la tesis sobre democracia y capitalismo. La sexta sección identifica sistemáticamente los límites del marco de Wood desde América Latina. La séptima sección desarrolla la discusión sobre implicaciones para la teoría del sujeto histórico. La octava sección concluye con una agenda de investigación.

Estado del arte: el debate sobre clase, materialismo y colonialidad

El debate sobre la viabilidad del concepto de clase como categoría analítica central ha ocupado a la sociología y la teoría política durante cuatro décadas. Desde la crisis del estructuralismo althusseriano hasta las propuestas posidentitarias contemporáneas, pasando por el giro cultural de los años noventa, la clase ha sido cuestionada, disuelta, reemplazada por "posiciones de sujeto" y, más recientemente, redescubierta como categoría necesaria aunque insuficiente. El debate no es meramente académico: sus consecuencias para la organización política de los movimientos sociales latinoamericanos son directas y han sido ampliamente documentadas (Modonesi, 2010; Svampa, 2017).

Wright (2015) ofreció la renovación más sistemática del concepto de clase dentro del marxismo analítico. Su argumento es que las "localizaciones contradictorias de clase" —posiciones que no pueden clasificarse limpiamente en ninguna de las categorías clásicas de burguesía o proletariado— son el resultado normal del capitalismo contemporáneo, no una anomalía que requiera abandonar el concepto de clase. La teoría de las localizaciones contradictorias permite explicar la fragmentación del sujeto obrero sin disolverlo en la pluralidad posmarxista: los trabajadores de clase media, los pequeños propietarios, los trabajadores de cuello blanco no son simplemente "otras identidades" sino posiciones específicas en relaciones capitalistas de producción que producen intereses contradictorios y políticamente ambiguos. Esta precisión analítica es exactamente lo que Wood valora del proyecto de Wright, aunque lo considera todavía insuficientemente histórico.

Therborn (2013) articuló la clase con la desigualdad vital y existencial para mostrar que la dominación capitalista no opera solo a través de la privación material sino también a través de la privación de vida —la reducción de las expectativas de vida de los sectores subalternos— y de la privación de reconocimiento —la negación de valor y dignidad a quienes ocupan posiciones subordinadas. Esta expansión del concepto de dominación es importante porque permite vincular el análisis materialista con las demandas de reconocimiento que los movimientos sociales contemporáneos formulan sin abandonar el anclaje estructural. La articulación entre privación material y privación existencial anticipa la necesidad de una teoría que pueda pensar conjuntamente clase, colonialidad y territorio.

Desde la sociología latinoamericana, Quijano (2000) demostró que en América Latina la clase nunca operó sola: siempre estuvo articulada con la racialización del trabajo como herencia de la colonización. La "colonialidad del poder" —el patrón de dominación que sobrevivió al fin del colonialismo formal— organiza la división global del trabajo a través de la clasificación racial de la población: no es accidental que los trabajos más precarizados, más peligrosos y menos remunerados sean ocupados sistemáticamente por indígenas, afrodescendientes y mestizos en el capitalismo latinoamericano. Esta distribución racial del trabajo no es una superestructura sobre las relaciones capitalistas de producción —es co-constitutiva de ellas desde el origen colonial del sistema-mundo capitalista.

El debate latinoamericano específico sobre heterogeneidad estructural tiene en Zavaleta Mercado (1986) su formulación más potente. Su concepto de "formación social abigarrada" describe una realidad que el análisis de clase europeo —incluso el de Wood— no puede capturar: la coexistencia de múltiples modos de producción, formas culturales y epistemologías en la misma formación social sin que ninguno haya logrado subordinar completamente a los demás. En Bolivia, Ecuador o Guatemala, el capitalismo coexiste con formas de producción comunitaria andina que no son simplemente "residuos precapitalistas" en proceso de extinción: son formas vivas de organización social que el capitalismo articula de manera desigual para extraer valor sin necesariamente destruirlas. La heterogeneidad abigarrada produce sujetos políticos que no pueden analizarse con las categorías de la sociología de clases europea.

Más recientemente, el debate sobre la crisis del sujeto político en América Latina ha sido revitalizado por los estudios sobre los "nuevos movimientos territoriales" (Svampa, 2017; Composto y Navarro, 2014). La resistencia a los megaproyectos extractivos —minería, agroindustria, infraestructura— ha producido formas de organización política que no se articulan primariamente en torno a la posición de clase de sus participantes sino en torno a la defensa del territorio, el agua y los bienes comunes. Estas formas de organización territorial son el caso empírico que este artículo utiliza para someter el marco de Wood a prueba: ¿puede el materialismo histórico renovado de Wood comprender la especificidad de esos sujetos sin la mediación de las categorías decoloniales? La respuesta que este artículo construye es: parcialmente sí, pero con límites estructurales que requieren la ampliación decolonial.

Marco teórico: la especificidad histórica del capitalismo en Wood

El punto de partida de Wood —y el que le permite construir una renovación del materialismo histórico que no sea determinista— es una distinción metodológica aparentemente sencilla pero de consecuencias profundas: la diferencia entre generalidades abstractas y determinaciones históricas específicas. El error del marxismo ortodoxo y del liberalismo es tratar como universales categorías que son históricamente específicas. El mercado, la propiedad privada, la competencia y el trabajo asalariado son presentados como componentes naturales de la organización social avanzada: el liberalismo los celebra como condiciones eternas de la libertad, y el marxismo mecanicista los trata como etapa necesaria de un progreso histórico teleológico. En ambos casos, el resultado es el mismo: se naturalizan relaciones históricamente producidas y se vuelve invisible el proceso de su producción —y, por tanto, su posible transformación.

La tarea del materialismo histórico genuino, dice Wood, es precisamente la inversa: especificar lo que hace al capitalismo ser capitalismo. ¿Qué hace al capitalismo específicamente capitalista? La respuesta de Wood es precisa: la compulsión económica como forma de extracción de trabajo excedente. En la servidumbre feudal, el señor extraía excedente mediante coerción extra-económica directa —la obligación jurídica y personal del siervo de trabajar las tierras del señor bajo amenaza de violencia directa. El capitalismo produce algo radicalmente diferente: trabajadores formalmente libres que no tienen otra opción que vender su fuerza de trabajo porque han sido separados de los medios de producción. La compulsión es económica, no personal; estructural, no individual. Ningún capitalista individual necesita amenazar directamente a ningún trabajador individual: el sistema como tal produce la necesidad. Esta especificidad es la que distingue al capitalismo de todas las formas previas de dominación y es la que hace al materialismo histórico irreemplazable como instrumento de análisis.

El materialismo histórico renovado de Wood rechaza el determinismo economicista —pero no para rendirse al posmarxismo. El determinismo económico afirma que la "base" económica determina mecánicamente la "superestructura" política, jurídica y cultural. Wood propone una distinción precisa: las relaciones sociales de producción son la condición necesaria para entender cómo se organiza una sociedad —pero no son la condición suficiente. Son necesarias en el sentido de que toda forma de organización política, cultural e ideológica está condicionada por la forma en que esa sociedad organiza la producción y la distribución del excedente. Pero no son suficientes porque la política, la cultura y la ideología tienen sus propias lógicas, sus propias historias, sus propias posibilidades de conflicto que no se deducen mecánicamente de las relaciones de producción. Esta distinción permite a Wood mantener el anclaje material sin reducir la política a epifenómeno económico.

La tesis sobre la tensión constitutiva entre democracia y capitalismo completa el marco teórico de Wood. El capitalismo necesita la democracia en cierta medida: necesita sujetos legalmente libres, trabajadores que puedan firmar contratos de trabajo, que tengan derechos civiles que protejan la propiedad privada, que puedan circular en el mercado como agentes formalmente iguales. Sin esas condiciones formales de libertad e igualdad, la compulsión económica no funciona: necesita trabajadores "libres" para explotar en el sentido preciso de que la explotación capitalista requiere que el trabajador sea libre de vender su fuerza de trabajo. Pero el capitalismo limita la democracia de manera constitutiva: las decisiones más importantes que afectan a las personas en el capitalismo son exactamente las que el capitalismo reserva para la decisión privada del capital. La democracia capitalista es democracia en la esfera pública y política más despotismo privado en la esfera económica.

La crítica al posmarxismo: por qué el anclaje material es irreemplazable

El argumento central de Wood en El repliegue de la clase (1986) es que el posmarxismo comete un error epistemológico fundamental: al criticar el determinismo económico ortodoxo, abandona también la comprensión de la especificidad del capitalismo como forma de dominación. Si la dominación capitalista no es cualitativamente diferente de otras formas de dominación —si es simplemente una articulación discursiva entre múltiples posiciones de sujeto— entonces no hay razón para analizar las relaciones de producción capitalistas como el locus específico donde se concentra la dominación. La consecuencia política de esta operación es igualmente grave: si todas las formas de dominación son equivalentes en principio, entonces no hay criterio teórico para determinar qué transformaciones son estructuralmente necesarias y cuáles son simplemente cosmética ideológica.

La respuesta de Wood es mantener la especificidad: el capitalismo impone una compulsión al mercado que no puede reducirse a ningún otro mecanismo de dominación. Esa compulsión es estructural: no requiere la coerción directa del terrateniente feudal ni la violencia directa del esclavista —opera a través de la dependencia de todos los actores sociales respecto al mercado como único mecanismo de acceso a los medios de subsistencia. Entender esto es entender el capitalismo como algo cualitativamente diferente de otras formas de dominación históricas. Y es precisamente esta comprensión la que el posmarxismo abandona cuando disuelve la especificidad en la pluralidad de las identidades y las posiciones de sujeto.

La crítica de Wood a Laclau es al mismo tiempo generosa y precisa. Wood reconoce lo que Laclau tiene de correcto: la democracia es un terreno genuino de disputa donde las clases se enfrentan con resultados que no están predeterminados. La hegemonía de Laclau describe algo real —la política no es mecánica, los sujetos se construyen, las identidades se articulan. Lo que Wood añade —y Laclau no puede negar sin abandonar su propio argumento— es que ese terreno de articulación tiene límites estructurales que la articulación discursiva no puede saltar sin desafiar las relaciones de propiedad que los producen. La síntesis entre Wood y Laclau que el proyecto de una teoría decolonial-materialista necesita es, entonces: la articulación hegemónica opera en el terreno de la democracia real, pero ese terreno está estructuralmente delimitado por las relaciones de producción, y ampliar la democracia genuinamente requiere desafiar esas relaciones.

La crítica al posmarxismo tiene implicaciones directas para el pensamiento político latinoamericano. Los movimientos sociales del continente han oscilado históricamente entre dos polos: el obrerismo clásico que privilegia la organización sindical sobre cualquier otro tipo de organización, y el identitarismo posmarxista que pluraliza las demandas hasta el punto de perder la capacidad de articular un proyecto transformador unitario. Wood ofrece una alternativa que ninguno de los dos polos puede proveer: la insistencia en que las relaciones de producción son el terreno estructural que condiciona —sin determinar— la política, combinada con el reconocimiento de que los sujetos políticos son más que portadores de posiciones de clase. Esta alternativa es el punto de partida que el debate latinoamericano necesita para superar la falsa dicotomía entre clase e identidad.

La productividad política de la crítica de Wood al posmarxismo se hace visible cuando se la confronta con la experiencia de los movimientos latinoamericanos de resistencia territorial. Esos movimientos no formulan sus demandas en términos de clase en el sentido clásico —hablan de territorio, agua, vida, dignidad. Pero esas demandas no son simplemente discursivas: están ancladas en la defensa de medios materiales de producción y reproducción de la vida que el capitalismo extractivo pretende desposeer. La compulsión económica opera sobre esas comunidades precisamente a través de la amenaza de desposesión: o venden su territorio al capital minero o quedan excluidas del mercado. En el lenguaje de Wood, esa compulsión es capitalista en su estructura aunque no asuma la forma clásica del trabajo asalariado industrial.

Democracia y capitalismo: la tensión constitutiva y sus consecuencias latinoamericanas

El argumento más provocador y más productivo de Democracy Against Capitalism es la tesis de la tensión constitutiva entre democracia y capitalismo. No es una paradoja retórica: es un análisis histórico-estructural con consecuencias políticas inmediatas. El capitalismo necesita la democracia en cierta medida: necesita sujetos legalmente libres, trabajadores que puedan firmar contratos de trabajo, que tengan derechos civiles que protejan la propiedad privada. Sin esas condiciones formales de libertad e igualdad, la compulsión económica no funciona. Pero el capitalismo limita la democracia de manera constitutiva: la democracia genuina implica el control colectivo sobre las decisiones que afectan colectivamente a las personas, y las decisiones más importantes en el capitalismo —qué se produce, cómo se trabaja, cómo se distribuye el excedente— son exactamente las que el capitalismo reserva para la decisión privada del capital.

Esta tesis tiene consecuencias directas para la teoría del sujeto histórico en América Latina. Los movimientos latinoamericanos de resistencia territorial —las comunidades que bloquean megaproyectos mineros, que reclaman consultas previas, que exigen el derecho a decidir sobre sus territorios— no son movimientos que rechacen la democracia. Son movimientos que reclaman más democracia: la extensión del control colectivo a las decisiones que el capitalismo extractivo toma de manera privada sobre sus territorios y sus vidas. En el lenguaje de Wood, reclaman democracia económica —en este caso, territorial— en el exacto sentido en que el capitalismo la excluye. La consulta previa libre e informada que los pueblos indígenas reclaman en el marco del Convenio 169 de la OIT es, en términos de Wood, una demanda de extensión de la democracia a una esfera que el capitalismo ha reservado para la decisión privada.

La tesis de Wood sobre la democracia capitalista explica también un fenómeno latinoamericano que el posmarxismo no puede explicar satisfactoriamente: la tendencia de los gobiernos progresistas a reproducir la lógica extractivista incluso cuando su base social y su programa político expresaban demandas de transformación estructural. Los gobiernos del "giro a la izquierda" latinoamericano de la primera década del siglo XXI —Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil— llegaron al poder con programas que incluían la ampliación de los derechos económicos y sociales. Pero el capitalismo extractivo al que dependían para financiar esos programas les imponía las mismas lógicas de desposesión territorial que sus bases sociales rechazaban. En términos de Wood, este callejón no es una traición política individual sino una consecuencia estructural de la separación capitalista entre esfera política y esfera económica: democratizar la distribución sin democratizar la producción reproduce las condiciones de la desposesión.

Harvey (2003) ha argumentado que la acumulación por desposesión es el mecanismo central del capitalismo contemporáneo —la forma que toma la acumulación primitiva cuando el capitalismo ya no tiene fronteras externas que colonizar y debe recurrir a la privatización de bienes comunes, la expropiación de territorios y la financiarización de activos previamente no mercantilizados. La articulación entre Wood y Harvey produce una de las proposiciones más potentes: los sujetos de la desposesión son también los sujetos de la demanda de democracia económica. No porque sean "clase obrera" en el sentido clásico, sino porque su resistencia a la desposesión es constitutivamente una demanda de control colectivo sobre los medios de producción y reproducción de la vida. Esta articulación permite pensar la continuidad entre la crítica de Wood al capitalismo y la resistencia territorial latinoamericana sin reducir ninguna de las dos a los términos de la otra.

La tesis sobre democracia y capitalismo tiene, sin embargo, un horizonte político que sus formulaciones originales no elaboran suficientemente: ¿qué forma institucional podría tomar la democracia económica en condiciones capitalistas? Wood sugiere que la respuesta tiene que pasar por el desafío a las relaciones de propiedad capitalistas, pero no desarrolla una teoría de las formas institucionales concretas de ese desafío. Dardot y Laval (2014) han formulado la propuesta más sistemática desde una perspectiva afín: el principio de lo común —la institución de formas de propiedad y gestión colectiva que no sean ni propiedad privada ni propiedad estatal. La democracia económica en ese sentido no requiere la abolición del Estado ni la toma del poder centralizado: requiere la multiplicación de formas de autogestión que desafíen la separación capitalista entre producción y democracia desde abajo y desde los márgenes del sistema.

Los límites estructurales del marco de Wood desde América Latina

El marco de Wood es poderoso en sus propios términos y ha sido justamente valorado como la renovación más rigurosa del materialismo histórico en las últimas décadas. Sus límites emergen, sin embargo, cuando se lo aplica al capitalismo latinoamericano, que tiene características estructurales que Wood no tenía en mente al construir su argumento. Estos límites no son deficiencias del pensamiento de Wood sino consecuencias de la situación epistemológica desde la que ese pensamiento fue producido: el capitalismo industrial europeo en su período de crisis fordista. Cuando el referente empírico cambia —cuando se analiza el capitalismo colonial latinoamericano con sus formaciones sociales heterogéneas y su constitutiva articulación con la colonialidad— el marco muestra sus puntos ciegos con precisión diagnóstica.

El primer límite es la invisibilidad de la colonialidad como eje organizador del capitalismo latinoamericano. Wood puede ver que el capitalismo produce dominaciones que no son "simplemente" capitalistas —el sexismo, el racismo, el colonialismo tienen sus propias lógicas que no se reducen a la lógica del capital. Y puede ver que esas lógicas son co-constitutivas del capitalismo histórico en el sentido de que el capitalismo nunca existió sin ellas. Pero Quijano (2000) demostró que en América Latina la raza no es simplemente una de las múltiples dominaciones que el capitalismo articula: es la matriz organizadora de la división del trabajo desde el siglo XVI. La compulsión económica capitalista en América Latina nunca fue racialmente neutra —la separación de los productores de sus medios de producción ocurrió en el contexto de la "clasificación racial de la población del mundo" que Quijano identifica como el resultado más duradero de la colonización. Los trabajadores que venden su fuerza de trabajo en el mercado laboral latinoamericano no son solo trabajadores: son indígenas, afrodescendientes, mestizos, y esa clasificación determina en qué segmentos del mercado laboral pueden participar, qué remuneración obtienen y qué protecciones estatales pueden reclamar.

El segundo límite es la heterogeneidad estructural. La compulsión económica que Wood describe —trabajadores formalmente libres que venden su fuerza de trabajo porque han sido separados de los medios de producción— describe el capitalismo industrial europeo con precisión. Pero el capitalismo latinoamericano produjo una realidad radicalmente más heterogénea. Zavaleta Mercado (1986) describió las formaciones sociales latinoamericanas como "abigarradas": en ellas coexisten múltiples modos de producción —capitalista, comunitario, de subsistencia— sin que ninguno haya logrado subordinar completamente a los demás. En ese contexto, la compulsión del mercado no opera de manera homogénea: hay extensas poblaciones que permanecen parcialmente fuera del mercado laboral formal —no por elección sino por exclusión estructural— y que articulan su reproducción social combinando trabajo asalariado, trabajo comunitario y economía de subsistencia. La "informalidad" latinoamericana no es una anomalía en proceso de corrección sino una característica estructural del capitalismo colonial que produce formas de explotación que la categoría de trabajo asalariado no captura adecuadamente.

El tercer límite es la especificidad del Estado latinoamericano. Wood asume implícitamente un Estado relativamente consolidado que puede ser disputado democráticamente —un Estado que ha logrado la hegemonía sobre el territorio y la sociedad en el sentido de que sus instituciones son reconocidas como legítimas y operativas por la mayoría de la población. El Estado latinoamericano es estructuralmente diferente. Zavaleta introdujo el concepto de "Estado aparente" para describir un Estado que no ha logrado representar la heterogeneidad de la sociedad que pretende gobernar: un Estado que es democrático en sus formas jurídicas pero oligárquico en sus prácticas efectivas, que reconoce en abstracto a ciudadanos que en concreto excluye de sus instituciones, que declara la soberanía sobre un territorio que en la práctica no controla completamente. La tensión constitutiva entre democracia y capitalismo que Wood identifica existe en América Latina, pero mediada por un Estado que nunca logró la hegemonía plena que la teoría política europea daba por sentada.

El cuarto límite es el horizonte democrático. La tesis de Wood sobre la tensión entre democracia y capitalismo tiene una potencia analítica extraordinaria —pero supone que la democracia es un horizonte que todos los actores comparten, aunque el capitalismo la limite. En América Latina, la democracia tiene una historia colonial que complica esa suposición. Los mecanismos formales de la democracia liberal fueron históricamente instrumentos de exclusión de los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos —a través del sufragio censitario, la exigencia de alfabetización, la criminalización de las formas de organización colectiva no compatibles con el Estado-nación. Cuando las comunidades indígenas reclaman el derecho a la consulta previa o a la autonomía territorial, no están reclamando más democracia liberal: están reclamando formas de deliberación colectiva que preceden al Estado-nación colonial y que no caben en el marco de la democracia representativa occidental. Santos (2014) ha llamado a estas formas de deliberación "epistemologías del Sur" —saberes y prácticas que el colonialismo epistemológico ha subalternizado pero que constituyen recursos políticos vivos para los movimientos contemporáneos.

Discusión: implicaciones para una teoría del sujeto histórico en América Latina

Los límites del marco de Wood no invalidan su contribución —la hacen más precisa. Identificar lo que el materialismo histórico europeo no puede ver desde su situación epistemológica es exactamente lo que permite articularlo con los marcos teóricos que sí pueden ver esos fenómenos. La propuesta de articulación que este artículo esboza no es eclecticismo teórico sino lo que Santos (2014) llamaría "ecología de saberes": la convicción de que ninguna tradición teórica tiene el monopolio de la comprensión de una realidad tan compleja como el capitalismo latinoamericano, y que la articulación crítica entre tradiciones situadas en posiciones epistemológicas diferentes produce comprensiones que ninguna de ellas puede producir por sí sola. El materialismo histórico de Wood y la decolonialidad de Quijano no son teorías incompatibles sino perspectivas sobre el mismo capitalismo vistas desde lados opuestos del Atlántico.

La articulación concreta que este artículo propone tiene tres dimensiones. En primer lugar, el mecanismo de la compulsión económica que Wood identifica debe ser complementado con el análisis de la colonialidad racial como eje organizador de esa compulsión en América Latina. El trabajador latinoamericano no enfrenta solo la compulsión del mercado: enfrenta la compulsión del mercado racialmente segmentado, donde la posición racial determina las condiciones de acceso al mercado laboral. La superación de la dominación capitalista en América Latina requiere, por tanto, no solo desafiar las relaciones de propiedad capitalistas sino también desmantelar la colonialidad racial que organiza el mercado de trabajo. En segundo lugar, la heterogeneidad estructural de las formaciones sociales latinoamericanas debe incorporarse al análisis como característica estructural del capitalismo colonial, no como anomalía transitoria. El sujeto histórico del siglo XXI en América Latina no es un sujeto homogéneo —es un actor plural que articula posiciones de clase con identidades raciales, epistémicas y territoriales que el capitalismo colonial produjo históricamente.

En tercer lugar, la tesis de Wood sobre la democracia económica debe ser ampliada para incorporar las formas de deliberación colectiva no-estatales que los movimientos territoriales latinoamericanos practican. La demanda de autonomía territorial que los movimientos indígenas formulan no es simplemente una demanda de más democracia en el sentido de Wood —es una demanda de formas de gobierno que no pasan por el Estado-nación colonial ni por el mercado capitalista. Esas formas —las asambleas comunitarias, el gobierno por usos y costumbres, las guardias indígenas— son instancias de democracia económica en el sentido más radical del término: instituciones que someten las decisiones sobre producción, distribución y uso del territorio al control colectivo de las comunidades afectadas. La articulación entre Wood y los movimientos territoriales latinoamericanos no requiere que esos movimientos adopten el vocabulario marxista: requiere que la teoría marxista reconozca en esas prácticas la realización histórica concreta de lo que la tesis de la democracia económica postula en abstracto.

Las implicaciones de esta articulación para la práctica política son directas. Si el sujeto histórico latinoamericano del siglo XXI es un actor plural que articula posiciones de clase con identidades coloniales y territoriales, entonces la política de transformación no puede organizarse únicamente en torno a la figura del sindicato o del partido de clase. Debe incorporar las formas de organización territorial y comunitaria como expresiones igualmente legítimas de la subjetividad política transformadora. No en el sentido posmarxista de que cualquier demanda es equivalente a cualquier otra —sino en el sentido materialista-decolonial de que la defensa del territorio, el agua y los bienes comunes es una forma históricamente específica de resistencia a la compulsión económica capitalista que articula clase, colonialidad y territorio en una misma práctica política. Svampa (2017) ha documentado exhaustivamente la emergencia de esas formas de resistencia en el contexto del neoextractivismo latinoamericano contemporáneo, y su análisis confirma la productividad analítica de la articulación que aquí se propone.

Conclusiones: hacia una agenda de investigación decolonial-materialista

El materialismo histórico renovado de Wood es un componente indispensable de cualquier teoría del sujeto histórico seria: sin comprender la especificidad del capitalismo como forma de dominación, no es posible analizar con precisión por qué ciertas transformaciones son estructuralmente difíciles ni qué transformaciones son necesarias para superarlas. La crítica al determinismo posmarxista y la defensa de la especificidad capitalista son contribuciones teóricas irreversibles que el pensamiento crítico latinoamericano no puede ignorar sin pérdida de rigor analítico. La compulsión económica, la separación de los productores de sus medios de producción, y la tensión constitutiva entre democracia y capitalismo son mecanismos reales del capitalismo latinoamericano que operan con independencia de que los actores los nombren o no con vocabulario marxista.

Sin embargo, la especificidad capitalista en América Latina está históricamente articulada con la colonialidad de tal manera que no puede analizarse en términos puramente de relaciones de producción. La propuesta que este artículo ha desarrollado —articular el materialismo de Wood con las categorías decoloniales de Quijano y la teoría de la heterogeneidad estructural de Zavaleta— no diluye la especificidad capitalista sino que la sitúa en su contexto histórico concreto: el capitalismo colonial latinoamericano que tiene mecanismos específicos de dominación que requieren categorías específicas de análisis. La colonialidad racial no es una adición externa al capitalismo latinoamericano —es la forma que tomó históricamente la compulsión económica en el continente americano desde el siglo XVI, y cualquier teoría del sujeto histórico que no la incorpore tiene un punto ciego analítico que invalida sus prescripciones políticas.

El sujeto histórico que emerge del capitalismo colonial latinoamericano no es solo trabajador —es trabajador racializado, con memoria territorial, con epistemologías subalternizadas y con formas de organización comunitaria que el capitalismo no ha logrado destruir completamente. Entender ese sujeto en su complejidad requiere el materialismo de Wood y la decolonialidad de Quijano simultáneamente. No como suma de dos perspectivas independientes sino como articulación de dos comprensiones que se necesitan mutuamente para ser completas: el materialismo sin decolonialidad no puede ver la colonialidad racial; la decolonialidad sin materialismo corre el riesgo de perder el anclaje en las relaciones de producción que hacen del capitalismo una forma específica de dominación con mecanismos específicos que requieren respuestas específicas.

La agenda de investigación que este artículo propone tiene tres ejes prioritarios. El primero es el análisis comparado de las formaciones laborales latinoamericanas contemporáneas en su articulación entre compulsión económica y colonialidad racial —con especial atención a los sectores extractivos donde esa articulación es más visible. El segundo eje es el estudio de las formas de democracia económica que los movimientos territoriales latinoamericanos están practicando —sus estructuras institucionales, sus posibilidades de escalamiento y sus límites— como instancias históricas concretas de lo que la teoría de Wood postula en abstracto. El tercer eje es la elaboración de una teoría de la heterogeneidad estructural que articule los aportes de Zavaleta con los desarrollos más recientes de la sociología del trabajo informal, la economía política del extractivismo y los estudios sobre pluralismo jurídico. Esta agenda es la que permitirá producir una teoría del sujeto histórico latinoamericano del siglo XXI que sea a la vez materialmente anclada, colonialmente informada y políticamente orientada.

Referencias

Composto, C. y Navarro, M. L. (Eds.). (2014). Territorios en disputa: despojo capitalista, luchas en defensa de los bienes comunes naturales y alternativas emancipatorias en América Latina. Bajo Tierra Ediciones.

Dardot, P. y Laval, C. (2013). The new way of the world: On neoliberal society. Verso.

Dardot, P. y Laval, C. (2014). Común: ensayo sobre la revolución en el siglo XXI. Gedisa.

Fanon, F. (1961). Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica.

González Casanova, P. (1965). La democracia en México. Era.

Gramsci, A. (1971). Selections from the prison notebooks. International Publishers.

Hardt, M. y Negri, A. (2000). Imperio. Harvard University Press.

Harvey, D. (2003). El nuevo imperialismo. Akal.

Laclau, E. y Mouffe, C. (1985). Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia. Siglo XXI.

Lander, E. (Comp.). (2000). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. CLACSO.

Mariátegui, J. C. (1928/2007). Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Biblioteca Ayacucho.

Mignolo, W. (2000). Local histories/global designs: Coloniality, subaltern knowledges, and border thinking. Princeton University Press.

Modonesi, M. (2010). Subalternidad, antagonismo, autonomía: marxismos y subjetivación política. CLACSO.

Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En E. Lander (Comp.), La colonialidad del saber (pp. 201–246). CLACSO.

Quijano, A. (2007). Coloniality and modernity/rationality. Cultural Studies, 21(2–3), 168–178. https://doi.org/10.1080/09502380601164353

Santos, B. de S. (2014). Epistemologies of the South: Justice against epistemicide. Paradigm Publishers.

Santos, B. de S. (2017). Justicia entre saberes: epistemologías del Sur contra el epistemicidio. Morata.

Svampa, M. (2017). Del cambio de época al fin de ciclo: gobiernos progresistas, extractivismo y movimientos sociales en América Latina. Edhasa.

Therborn, G. (2013). The killing fields of inequality. Polity Press.

Thwaites Rey, M. (Ed.). (2012). El Estado en América Latina: continuidades y rupturas. CLACSO.

Wood, E. M. (1986). The retreat from class: A new 'true' socialism. Verso.

Wood, E. M. (1995). Democracy against capitalism: Renewing historical materialism. Cambridge University Press.

Wright, E. O. (2010). Envisioning real utopias. Verso.

Wright, E. O. (2015). Understanding class. Verso.

Zavaleta Mercado, R. (1986). Lo nacional-popular en Bolivia. Siglo XXI.


¿Qué te pareció?


Comentarios(2)

M
Michelle
Hace 8 días

¿Puede el materialismo histórico de Wood, construido para analizar el capitalismo industrial europeo, aplicarse al capitalismo colonial latinoamericano sin reproducir el mismo eurocentrismo epistemológico que critica al posmarxismo?

M
Michelle
Hace 8 días

¿Las formas de deliberación territorial y comunitaria que practican los movimientos indígenas latinoamericanos representan una realización concreta de la democracia económica que Wood postula, o constituyen una forma de organización política cualitativamente diferente que el marco materialista no puede absorber sin distorsionarla?

Dejar un comentario

Máximo 1000 caracteres · No se permiten enlaces externos