Raúl Dubón
Teoría Sociológicateoría crítica

Reseña a Hemisferio de Izquierda

Razmig Keucheyan, sociólogo francés de origen armenio, publica en 2010 Hémisphère gauche. Une cartographie des nouvelles pensées critiques —traducido al español en 2013 por Siglo XXI España— con una ambición precisa: cartografiar el paisaje heterogéneo de las teorías críticas que emergieron.

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Análisis sistemático, crítico y apreciativo de Hemisferio izquierda.

Un mapa de los nuevos pensamientos críticos

Razmig Keucheyan · Siglo XXI España, 2013

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1. Introducción: el problema central y su contexto

Razmig Keucheyan, sociólogo francés de origen armenio, publica en 2010 Hémisphère gauche. Une cartographie des nouvelles pensées critiques —traducido al español en 2013 por Siglo XXI España— con una ambición precisa: cartografiar el paisaje heterogéneo de las teorías críticas que emergieron después de la caída del Muro de Berlín en 1989. El problema central que articula el texto puede formularse de la siguiente manera: ¿qué son las nuevas teorías críticas, cómo se originaron, cuáles son sus principales corrientes y qué desafíos enfrentan para convertirse en instrumentos efectivos de transformación social?

Este problema no es meramente académico. Keucheyan lo sitúa en un contexto histórico preciso: la derrota de la izquierda histórica entre 1977 y 1993, periodo que abarca desde el viraje neoliberal impuesto por Thatcher y Reagan hasta la consolidación del orden posguerra fría. Esta derrota, que el autor nombra con franqueza —«todo comienza con una derrota», advierte desde el primer capítulo—, no suprimió el pensamiento crítico sino que lo reconfiguró profundamente. Las nuevas teorías críticas, sostiene Keucheyan, son hijas de ese contexto adverso: emergen cuando la clase obrera organizada ha perdido centralidad, cuando el sujeto de la emancipación ya no está claramente identificado y cuando el horizonte revolucionario se ha oscurecido.

El libro se inscribe en una tradición de sociología de los intelectuales y cartografía del pensamiento crítico, pero con una particularidad metodológica importante: Keucheyan no pretende ofrecer una síntesis ni una teoría unificada. Propone, en cambio, un mapa entre mapas posibles, una cartografía provisional de un paisaje intelectual en transformación. Esta posición epistémica —modesta sin ser relativista— distingue la obra de los enfoques que pretenden prescribir cuál debería ser la teoría crítica correcta. El autor es fiel al espíritu gramsciano de analizar las condiciones intelectuales de su época sin confundirlas con sus deseos.

Desde el punto de vista del contexto teórico e histórico, el libro opera en la intersección de tres tradiciones: la sociología de los intelectuales (Bourdieu, Gramsci), la historia del pensamiento de izquierda (Anderson, Hobsbawm) y el análisis crítico del capitalismo contemporáneo (Jameson, Boltanski). El resultado es una obra de síntesis panorámica que no renuncia a la posición crítica.

2. Estructura de la obra y relación entre sus partes

Hemisferio izquierda se organiza en dos partes claramente diferenciadas, precedidas por una Introducción y seguidas de una Conclusión que es también un programa de investigación.

La Primera Parte, titulada Contextos, cumple una función genealógica: sitúa históricamente las condiciones de posibilidad de las nuevas teorías críticas. El primer capítulo reconstruye la derrota del pensamiento crítico entre 1977 y 1993, estableciendo que las nuevas teorías no emergen en el vacío sino desde el interior de ese fracaso histórico. El segundo capítulo realiza una breve historia de la «nueva izquierda» entre 1956 y 1977, mostrando cómo los movimientos de ese periodo —maoísmo, trotskismo, anarquismo, feminismo, ecología— generaron una herencia teórica compleja y contradictoria. El tercero propone una tipología de los intelectuales críticos contemporáneos: los conversos (quienes abandonaron el pensamiento crítico), los pesimistas, los resistentes, los innovadores, los expertos y los dirigentes. Esta tipología no es un ejercicio clasificatorio neutral: permite identificar las tensiones entre la producción intelectual y el compromiso político.

La Segunda Parte, Las Teorías, constituye el núcleo analítico del libro. Se organiza en torno a dos grandes problemas que atraviesan, con distintas respuestas, el conjunto del pensamiento crítico contemporáneo: el sistema y los sujetos. El capítulo cuarto analiza las teorías sobre el sistema capitalista —las obras de Hardt y Negri, las teorías del imperialismo, la escuela de la regulación, la economía política marxista y la crítica boltanskiana del neoliberalismo—. El capítulo quinto examina las teorías de los sujetos de emancipación: el acontecimiento democrático en Badiou y Zizek, las posfeminidades (Haraway, Butler, Spivak), los debates sobre clases sociales y las identidades conflictivas.

La Conclusión —titulada Obras por construir— trasciende el registro descriptivo para señalar las ausencias y las tareas pendientes: una teoría ecológica radical, la expansión geográfica de los pensamientos críticos más allá de su «americanización» y la reconexión entre teoría y movimientos políticos reales. Esta arquitectura confiere al texto una coherencia argumentativa que va de lo histórico a lo teórico y de lo diagnóstico a lo programático, sin que ninguna de las partes resulte prescindible.

3. Núcleo teórico: categorías, conceptos y articulaciones

3.1 La cartografía como categoría organizadora

La categoría central que organiza el texto es la de cartografía. Keucheyan no utiliza este término como metáfora decorativa sino como instrumento epistemológico. Una cartografía, a diferencia de una síntesis, no reduce la diversidad a un denominador común: la preserva mientras establece las relaciones entre sus elementos. La cartografía que propone el autor muestra un territorio heterogéneo —las nuevas teorías críticas— sin intentar reconciliar sus contradicciones internas ni prescribir cuál de ellas es «la correcta».

Esta elección metodológica tiene implicancias profundas. En primer lugar, supone que no existe una teoría crítica unificada en el presente, sino una pluralidad de corrientes con objetos, métodos y horizontes políticos diferentes. En segundo lugar, implica que la diversidad no es un defecto sino una consecuencia de la complejidad del capitalismo contemporáneo y de la multiplicidad de los sujetos de emancipación posibles. En tercer lugar, la cartografía como método reconoce la dimensión histórica y geográfica del pensamiento: las teorías no flotan en un espacio abstracto sino que se producen en condiciones sociales determinadas.

3.2 La derrota como condición de posibilidad

Si la cartografía es la categoría metodológica, la derrota es la condición histórica fundamental. Keucheyan sostiene que las nuevas teorías críticas no se comprenden si no se parte del fracaso histórico de la izquierda entre 1977 y 1993. La ofensiva neoliberal (Thatcher, Reagan), la decadencia de las organizaciones obreras tradicionales, la pérdida de credibilidad del bloque soviético, la Revolución Islámica iraní de 1979 —que inaugura una serie de objetos políticos difícilmente identificables para las categorías marxistas clásicas— y, finalmente, la caída del Muro de Berlín en 1989, son los episodios que delimitan ese periodo de derrota.

Esta derrota tiene consecuencias directas sobre las teorías: la ausencia de un «sujeto de la emancipación» claramente identificado (el proletariado organizado deja de ser el motor histórico); la fragmentación de los horizontes políticos; y la tendencia a desarrollar teorías localizadas, parciales, que abordan dimensiones específicas del orden social (género, raza, colonialismo, identidad) sin poder articularlas en una teoría de conjunto del capitalismo. La derrota no paraliza el pensamiento crítico pero le imprime sus principales características: la heterogeneidad, la especialización y la tensión entre radicalidad teórica y moderación política.

3.3 Sistema y sujetos: la fractura constitutiva

El núcleo teórico del libro gira en torno a una fractura que el autor considera constitutiva del pensamiento crítico contemporáneo: la separación entre las teorías del sistema y las teorías de los sujetos. Las primeras —Hardt y Negri, Wallerstein, la escuela de la regulación, Boltanski y Chiapello, Jameson— ofrecen diagnósticos del capitalismo como totalidad o como conjunto de tendencias estructurales. Las segundas —Badiou, Butler, Spivak, Fraser, Honneth— reflexionan sobre quiénes son los agentes de la transformación, cómo se constituyen las identidades colectivas y cuáles son las formas de acción política posibles.

El problema, señala Keucheyan, es que muy pocas teorías logran articular ambas dimensiones de manera satisfactoria. Las teorías del sistema tienden a subestimar o disolver la especificidad de los sujetos de emancipación —el «Imperio» de Hardt y Negri, por ejemplo, postula una «multitud» como nuevo sujeto revolucionario, pero esta categoría ha sido criticada por su imprecisión y su escasa capacidad analítica—. Las teorías de los sujetos, por su parte, corren el riesgo de perder de vista las determinaciones estructurales del capitalismo global y de quedar atrapadas en identidades particulares que dificultan la solidaridad política amplia.

Esta fractura no es accidental: refleja la dificultad contemporánea de articular una teoría que sea al mismo tiempo diagnóstico del sistema y orientación para la acción colectiva. Marx pudo hacerlo en el siglo XIX porque contaba con un sujeto histórico (el proletariado industrial) que encarnaba simultáneamente la contradicción central del capitalismo y el horizonte de su superación. Hoy ese dispositivo ya no está disponible, y las nuevas teorías críticas buscan, con desigual fortuna, construir sus equivalentes.

3.4 La americanización del pensamiento crítico

Un concepto transversal de gran relevancia analítica es el de americanización del pensamiento crítico. Keucheyan observa un desplazamiento geográfico del centro de gravedad de las teorías críticas: hasta mediados del siglo XX, ese centro se situaba en Europa occidental y oriental; en la actualidad, se ha desplazado hacia Estados Unidos. Los autores en cuestión son naturales de ese país o, si no lo son, enseñan en universidades estadounidenses.

Esta americanización no es políticamente neutra. Las universidades norteamericanas representan un entorno institucional con sus propias jerarquías, modas intelectuales, presiones editoriales y distancias respecto a los movimientos políticos y sociales reales. El carácter elitista y socialmente segregado de las academias estadounidenses dificulta la interacción entre pensadores críticos y movimientos. La americanización tiende además a despolitizar las teorías, convirtiendo problemáticas que en su origen tenían una dimensión de intervención política en objetos de disputa disciplinaria y académica.

4. Análisis del poder, ideología y sociedad

El texto de Keucheyan no desarrolla una teoría propia del poder o la ideología, pero sí ofrece un panorama de cómo las distintas corrientes que analiza conceptualizan estas dimensiones. En las teorías del sistema, el poder aparece como estructura: el «Imperio» de Hardt y Negri es una forma difusa de poder global que no tiene centro geográfico ni instancia soberana única, a diferencia del imperialismo clásico. Esta conceptualización postmarxista del poder ha sido influyente pero también cuestionada por su tendencia a diluir las determinaciones estatales y de clase en una red indeterminada.

Las teorías neogramscianas de las relaciones internacionales —representadas por Robert Cox— ofrecen una conceptualización diferente: el poder se articula a través de bloques históricos que combinan fuerzas materiales, instituciones e ideas. Esta perspectiva, deudora del Gramsci de los Cuadernos de la cárcel, recupera la noción de hegemonía para pensar el orden mundial: la dominación no se ejerce solo por la fuerza sino también por el consenso, y el consenso se produce a través de instituciones y de la naturalización de determinadas visiones del mundo.

En las teorías de los sujetos, el poder aparece de manera más fragmentada y multidimensional. Butler, deudora de Foucault, concibe el poder como productivo: no solo reprime sino que constituye los sujetos, incluidos los sujetos que resisten. La «performatividad» del género —la idea de que el género no es una esencia sino un conjunto de actos repetidos que producen el efecto de naturalidad— es una teoría del poder que opera en el nivel de los cuerpos, los discursos y las normas cotidianas.

Respecto a la ideología, la obra más relevante en el panorama que traza Keucheyan es quizás la de Boltanski y Chiapello sobre «el nuevo espíritu del capitalismo». Su argumento central es que el capitalismo neoliberal recuperó las críticas del 68 —la reivindicación de autonomía, creatividad, autenticidad y rechazo de la burocracia— para convertirlas en combustible de su propio dinamismo. Esta absorción ideológica explica por qué la crítica social se encuentra hoy en una posición paradójica: sus principales instrumentos han sido apropiados por aquello que pretende criticar. La ideología neoliberal no opera solo a través de la falsa conciencia sino también a través de la integración de la disidencia.

El Estado aparece en el libro como un objeto disputado entre distintas corrientes. Las teorías del sistema tienden a señalar su declive relativo en el contexto de la globalización, aunque con matices: Hardt y Negri postulan la emergencia del «Imperio» más allá del Estado-nación, mientras que autores como Panitch o Wood insisten en el papel activo que el Estado estadounidense sigue desempeñando en la gestión del capitalismo global. Las teorías de los sujetos son en general más atentas a las formas en que el Estado regula las identidades y los derechos.

5. Dimensión crítica: contra qué y contra quiénes

El pensamiento de Keucheyan —y, a través de él, el de las teorías que analiza— se posiciona críticamente frente a varias tradiciones. En primer lugar, frente al marxismo «clásico» u «ortodoxo», al que se le imputa la incapacidad de adaptarse a las nuevas condiciones del capitalismo y a la multiplicidad de los sujetos de emancipación. La crisis del marxismo clásico no es solo política —la derrota del movimiento obrero organizado— sino también teórica: la excesiva centralidad del determinismo económico, la reducción de la política a la economía y el privilegio del proletariado industrial como sujeto histórico exclusivo son los principales blancos de la crítica.

En segundo lugar, las nuevas teorías críticas se posicionan contra el liberalismo en sus diversas variantes —la economía neoclásica, la teoría política liberal, el consenso de Washington—. Esta crítica es tanto teórica como política: el liberalismo es cuestionado por su naturalización del mercado como mecanismo de asignación eficiente, su individualismo metodológico y su ocultamiento de las relaciones de poder que estructuran el orden social.

En tercer lugar —y esto constituye un aporte específico de Keucheyan— el texto lanza una crítica implícita al postmodernismo y a las teorías que, al renunciar a cualquier universalismo, quedan atrapadas en particularismos que dificultan la articulación de un proyecto político común. El autor no rechaza la riqueza de las teorías de la identidad, pero señala su tendencia a desconectarse de las determinaciones estructurales del capitalismo y a producirse en el espacio relativamente blindado de las academias anglosajonas.

Finalmente, el libro critica al posibilismo o pragmatismo de la izquierda moderada —los «conversos» de la tipología del capítulo tres— que, habiendo abandonado la perspectiva de la transformación social radical, se convierte en intelectual de gestión del orden existente. Esta crítica, que recuerda a la distinción gramsciana entre intelectuales orgánicos de las clases dominantes e intelectuales al servicio de las clases subalternas, es uno de los ejes valorativos del libro.

6. Discusión crítica y apreciativa

6.1 Aportes del texto

El principal aporte de Hemisferio izquierda es su función orientadora en un paisaje intelectual genuinamente complejo. Para quienes se aproximan al pensamiento crítico contemporáneo, el libro ofrece una guía rigurosa y accesible que permite situar cada corriente en su contexto histórico, geográfico e institucional. No es un diccionario ni un manual: es un argumento sobre la condición del pensamiento crítico en la época posguerra fría.

La periodización que propone Keucheyan —la derrota de 1977-1993 como punto de partida— es un aporte analítico de primera importancia. Frente a las visiones celebratorias de la diversidad teórica posmarxista, el autor introduce la categoría de derrota sin nostalgia ni catastrofismo: la derrota no es el fin del pensamiento crítico sino el inicio de su reconfiguración. Esta perspectiva genealógica es metodológicamente sólida y políticamente honesta.

La tipología de los intelectuales críticos contemporáneos —conversos, pesimistas, resistentes, innovadores, expertos, dirigentes— tiene el mérito de combinar el análisis sociológico con el análisis doctrinal. Al relacionar las posiciones teóricas con las trayectorias institucionales y los compromisos políticos, el autor evita el idealismo que trata a las ideas como si fueran independientes de las condiciones sociales de su producción. Esta articulación entre sociología del conocimiento y análisis teórico es uno de los rasgos más originales del libro.

Asimismo, la identificación de la fractura sistema/sujetos como el problema no resuelto del pensamiento crítico contemporáneo tiene un valor diagnóstico considerable. Esta fractura no es solo teórica: es política. La incapacidad de articular un diagnóstico estructural del capitalismo con una teoría de los agentes de su transformación es uno de los principales obstáculos para la construcción de alternativas políticas viables.

6.2 Tensiones internas y límites

El libro tiene tensiones internas que vale la pena señalar. La más importante es la que existe entre la modestia epistemológica del autor —que propone una cartografía entre cartografías posibles, sin pretensiones de síntesis— y la inevitabilidad de ciertos juicios valorativos que informan la selección y el tratamiento de las teorías. Keucheyan opta por incluir unas corrientes y excluir otras, privilegia ciertos problemas sobre otros y formula implícitamente —en la Conclusión— un programa de investigación que trasciende el registro puramente descriptivo.

Esta tensión podría haberse resuelto de manera más explícita. El autor podría haber declarado más abiertamente sus criterios de selección y su posición valorativa, en lugar de presentar la cartografía como si fuera neutral. No obstante, esta limitación es relativa: la honestidad intelectual del libro se manifiesta precisamente en que no pretende resolver lo que no puede resolverse desde la posición de un solo analista.

Otro límite significativo es la escasa atención al pensamiento crítico producido fuera de los circuitos académicos anglosajones y continentales europeos. El libro dedica apenas algunas páginas a señalar que hay grandes posibilidades de que la producción teórica crítica se irradie hacia China, India, Brasil o América Latina, pero sin desarrollar este punto. Paradójicamente, un libro que critica la americanización del pensamiento crítico reproduce en parte esa misma centralidad al construir su cartografía casi exclusivamente desde los debates de las academias europeas y norteamericanas.

En términos estrictamente teóricos, la distinción sistema/sujetos podría haberse elaborado con mayor profundidad. Algunas de las teorías que Keucheyan clasifica en uno u otro polo en realidad atraviesan esa distinción de manera más compleja: la obra de Gramsci, por ejemplo, es inseparable de esa articulación. Del mismo modo, las teorías feministas —particularmente la de Fraser sobre redistribución y reconocimiento— ofrecen intentos sofisticados de articular las dimensiones estructurales y las dimensiones subjetivas del orden social.

6.3 Vigencia actual

Publicado en 2010 y traducido al español en 2013, el libro mantiene una vigencia considerable. El paisaje que describe —la heterogeneidad de las teorías críticas, la tensión entre radicalidad intelectual y moderación política, la americanización del pensamiento crítico— no ha cambiado sustancialmente. Si acaso, algunos de los problemas que Keucheyan señalaba como «obras por construir» han avanzado: la teoría ecológica radical ha ganado terreno con el ecosocialismo y las contribuciones del movimiento por la justicia climática, y el pensamiento crítico latinoamericano, africano y asiático ha ganado mayor visibilidad internacional.

Sin embargo, la fractura sistema/sujetos sigue sin resolverse. Las nuevas articulaciones —el movimiento Occupy, los indignados, Black Lives Matter, los feminismos del sur global— han generado nuevas preguntas pero no han producido aún la síntesis teórica que conecte el análisis del capitalismo global con la constitución de los sujetos de emancipación. En este sentido, el diagnóstico de Keucheyan conserva su actualidad y su carácter de desafío abierto para el pensamiento crítico.

7. Conclusión

Hemisferio izquierda es una obra de síntesis rigurosa que cumple la función que se propone: ofrecer una cartografía del pensamiento crítico contemporáneo que sea al mismo tiempo históricamente situada, sociológicamente informada y teóricamente comprometida. Keucheyan logra articular la historia del pensamiento de izquierda con el análisis de las principales corrientes teóricas actuales sin simplificar la complejidad de ninguno de los dos registros.

El libro tiene el mérito poco común de ser simultáneamente descriptivo y analítico, panorámico y preciso, académico y políticamente comprometido. Su lectura es indispensable para quienes quieren orientarse en el mapa del pensamiento crítico posguerra fría, tanto para entender las corrientes que lo componen como para identificar sus limitaciones y sus tareas pendientes.

El reto que el texto plantea —articular una teoría del sistema con una teoría de los sujetos de emancipación, recuperar el pensamiento crítico de su relativa americanización y reconectar la producción intelectual con los movimientos sociales reales— sigue siendo el reto fundamental del pensamiento de izquierda en el siglo XXI. Hemisferio izquierda no resuelve ese reto, pero lo formula con una claridad que pocas obras consiguen.

Para el contexto latinoamericano, la obra adquiere una resonancia adicional: las tradiciones críticas de la región —la teoría de la dependencia, el pensamiento decolonial, la teología de la liberación, las epistemologías del sur— no ocupan un lugar central en la cartografía de Keucheyan, pero el marco analítico que propone puede ser un punto de partida fecundo para construir una cartografía propia, situada en las condiciones específicas del sur global.


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