Innovar sin improvisar:
a investigación social aplicada atraviesa un período de expansión metodológica acelerada. Nuevas técnicas de análisis de datos, enfoques participativos emergentes.
TRILOGÍA DE ARTÍCULOS METODOLÓGICOS EN CIENCIAS SOCIALES APLICADAS — ARTÍCULO 2 DE 3
Innovar sin improvisar:
criterios para la adopción de métodos emergentes en la investigación social aplicada
Resumen
La investigación social aplicada atraviesa un período de expansión metodológica acelerada. Nuevas técnicas de análisis de datos, enfoques participativos emergentes, métodos digitales y herramientas de visualización se incorporan con creciente frecuencia a los diseños de investigación y consultoría, muchas veces sin que medie una evaluación rigurosa de su pertinencia epistemológica. Este artículo argumenta que la innovación metodológica genuina se distingue de la adopción cosmética de novedades por su capacidad de ampliar el alcance explicativo del diseño y de mantener coherencia con los supuestos ontológicos y epistemológicos del enfoque adoptado. A partir de los debates sobre innovación metodológica en ciencias sociales (Druckman y Donohue, 2020; Lather y St. Pierre, 2013), la distinción entre Modo 1 y Modo 2 de producción de conocimiento (Gibbons et al., 1994) y el concepto de inconmensurabilidad paradigmática (Kuhn, 1962), se propone una ruta de validación epistemológica para la adopción de métodos emergentes. El artículo ofrece criterios operacionalizables que buscan fortalecer la cultura metodológica de profesionales e investigadores sociales, promoviendo una innovación que sea, a la vez, rigurosa, propositiva y adaptada a las condiciones de la práctica aplicada en América Latina.
Palabras clave: innovación metodológica; métodos emergentes; validación epistemológica; investigación social aplicada; Modo 2; consultoría social.
1. Introducción
En la práctica de la investigación social aplicada, la incorporación de métodos nuevos responde con frecuencia a una lógica distinta de la que orienta la selección metodológica en contextos académicos. Mientras que en la academia la adopción de un nuevo método tiende a estar precedida de un debate epistemológico sostenido —sobre sus supuestos, sus alcances y sus limitaciones—, en los contextos de consultoría e investigación aplicada ese debate suele abreviarse o suprimirse. El resultado es una cultura de adopción metodológica reactiva: se incorpora aquello que aparece en convocatorias recientes, que es familiar para los financiadores, que fue presentado en el último congreso relevante o que tiene disponible un tutorial en línea. Esta lógica no es irresponsable en sí misma; pero puede producir diseños metodológicos incoherentes cuando la adopción precede a la comprensión.
La pregunta que articula este artículo es la siguiente: ¿qué distingue la innovación metodológica genuina de la adopción cosmética de novedades, y cómo puede un investigador o consultor social evaluar si un método emergente es adecuado para su problema específico? Esta pregunta no apunta a establecer una jerarquía de métodos ni a desalentar la experimentación: apunta, precisamente, a habilitar una innovación más fundamentada, más propositiva y más rigurosa.
El argumento central del artículo es doble. En primer lugar, que la innovación metodológica genuina no se define por la novedad del método, sino por su capacidad de ampliar el alcance explicativo del diseño y de hacerlo de modo coherente con los fundamentos epistemológicos del enfoque adoptado. En segundo lugar, que la adopción de métodos emergentes requiere una ruta de validación epistemológica que no es un obstáculo para la innovación, sino su condición de posibilidad. El artículo se estructura en cuatro secciones: el estado del debate sobre innovación metodológica; una tipología de la innovación metodológica en ciencias sociales; los factores que favorecen la adopción cosmética; y una propuesta de ruta de validación epistemológica para la adopción de métodos emergentes.
2. Innovación metodológica en ciencias sociales: estado del debate
2.1 La innovación como continuo, no como ruptura
La literatura sobre innovación metodológica en ciencias sociales tiende a presentarla como un espectro antes que como una dicotomía. En un extremo del espectro se encuentran las expansiones incrementales de métodos existentes: ajustes en la técnica, ampliaciones de su ámbito de aplicación, combinaciones con otros métodos dentro del mismo paradigma. En el otro extremo se encuentran las innovaciones radicales: métodos que emergen de paradigmas distintos y cuya adopción implica una revisión de los supuestos ontológicos y epistemológicos del investigador. Lather y St. Pierre (2013), desde la perspectiva post-cualitativa, señalaron que la innovación metodológica más fecunda suele producirse en los bordes de los paradigmas: cuando las preguntas que emergen de la práctica investigativa ya no pueden ser respondidas adecuadamente con los métodos disponibles.
Druckman y Donohue (2020) documentaron la expansión reciente de las metodologías en ciencias sociales en un contexto de creciente complejidad: la emergencia de enfoques no lineales, la expansión del alcance de los métodos cuantitativos a través de las tecnologías digitales y la creciente orientación de la investigación hacia sus comunidades de referencia. Sin embargo, advirtieron también que la proliferación de métodos no equivale a innovación epistemológica: muchas de las nuevas herramientas reproducen, con mayor sofisticación técnica, los mismos supuestos que los métodos que pretenden superar.
Esta distinción es capital para el argumento de este artículo. Lo que convierte a un método en genuinamente innovador no es su novedad cronológica, sino su capacidad de plantear preguntas que antes no podían formularse o de responderlas con mayor precisión. Desde la perspectiva kuhniana, esto equivale a afirmar que la verdadera innovación metodológica produce anomalías que tensionan el paradigma vigente, antes que soluciones más eficientes a los problemas ya definidos por ese paradigma (Kuhn, 1962).
2.2 Modo 2 de producción de conocimiento e innovación aplicada
El marco de los modos de producción de conocimiento propuesto por Gibbons et al. (1994) ofrece una perspectiva particularmente iluminadora para comprender la innovación metodológica en contextos aplicados. En el Modo 1 —la producción de conocimiento disciplinar, orientada por la agenda académica— la innovación metodológica se legitima ante la comunidad disciplinar y sigue los ritmos del debate científico. En el Modo 2 —la producción de conocimiento en el contexto de aplicación, orientada por problemas reales, transdisciplinar y socialmente distribuida—, la innovación metodológica responde a presiones distintas: la urgencia del problema, la diversidad de actores involucrados y la necesidad de producir resultados con relevancia práctica en plazos acotados.
La importancia de esta distinción para la investigación social aplicada reside en que el Modo 2 no reduce las exigencias de rigor: las reconfigura. Gibbons et al. (1994) señalaron explícitamente que el Modo 2 opera con formas de control de calidad más diversas que las del Modo 1, no con formas más laxas. La rendición de cuentas no se produce solo ante la comunidad disciplinar, sino ante una gama más amplia de actores: financiadores, comunidades investigadas, tomadores de decisiones, pares de distintas disciplinas. En este contexto, la innovación metodológica debe poder justificarse ante esa multiplicidad de interlocutores, lo que exige criterios de calidad que vayan más allá de la validez técnica.
Sin embargo, la investigación aplicada enfrenta una paradoja: las condiciones que favorecen la innovación metodológica del Modo 2 —la apertura transdisciplinar, la orientación por el problema, la reflexividad institucional— son también las condiciones que pueden facilitar la adopción irreflexiva de novedades. Cuando la presión proviene del problema y no del paradigma, el criterio de selección metodológica puede reducirse a la eficacia percibida antes que a la coherencia epistemológica.
2.3 Inconmensurabilidad y traducción metodológica
Kuhn (1962) introdujo el concepto de inconmensurabilidad para describir la relación entre paradigmas científicos sucesivos: los paradigmas no son simplemente más o menos correctos que sus predecesores; son, en un sentido profundo, inconmensurables porque los criterios de evaluación que definen la calidad de la investigación dentro de un paradigma no son neutros respecto a ese paradigma. Esta observación tiene consecuencias directas para la adopción de métodos emergentes en investigación social: cuando un método se origina en un paradigma distinto del que guía el diseño general de la investigación, su adopción no es un proceso aditivo ni neutral. Implica una negociación epistemológica que, si no se realiza de manera explícita, puede producir incoherencias que comprometan la validez del conjunto del diseño.
La noción de traducción metodológica resulta útil aquí. No todos los métodos son transportables de un paradigma a otro sin transformación. Un método de análisis de redes sociales puede utilizarse desde una perspectiva estructural-objetivista o desde una perspectiva relacional-constructivista; los datos que produce en uno y otro caso no son equivalentes, y las afirmaciones que permiten realizar tampoco lo son. La innovación genuina reconoce esta especificidad y trabaja con ella; la adopción cosmética la ignora.
Morgan (2014) propuso el pragmatismo como postura filosófica que permite abordar la inconmensurabilidad sin resolverla artificialmente: no se trata de ignorar las diferencias paradigmáticas entre métodos, sino de ser transparente sobre los supuestos que cada uno importa al diseño y de trabajar esa tensión de manera productiva. Esta orientación pragmática constituye uno de los fundamentos epistemológicos del campo de los métodos mixtos en su etapa de madurez teórica (Tashakkori y Teddlie, 2010).
3. Tipología de la innovación metodológica en investigación social aplicada
A partir del debate revisado, es posible proponer una tipología de la innovación metodológica en ciencias sociales aplicadas que sirva como instrumento analítico para evaluar la naturaleza de una innovación antes de adoptarla. Esta tipología distingue tres tipos no excluyentes, ordenados según el grado de implicación epistemológica que cada uno conlleva.
El primer tipo es la innovación instrumental. Se produce cuando se adopta una herramienta técnica nueva —un software, un procedimiento estadístico, un protocolo de análisis— dentro del marco epistemológico ya vigente en el diseño. Este tipo de innovación no implica una revisión de los supuestos del enfoque y puede adoptarse con criterios predominantemente técnicos: ¿la herramienta es más precisa, más eficiente o más adecuada para el tipo de datos disponibles? Su riesgo principal es que puede inducir un sesgo de confirmación: las herramientas técnicas sofisticadas producen a veces la ilusión de que las afirmaciones que respaldan son más sólidas de lo que los datos permiten.
El segundo tipo es la innovación procedimental. Ocurre cuando se incorpora un procedimiento metodológico nuevo que modifica la lógica de recolección, análisis o presentación de los datos, pero que es compatible con el paradigma general del diseño. La expansión de los métodos cualitativos hacia la etnografía digital, la incorporación de técnicas participativas en diseños de investigación-acción o la integración de datos administrativos en estudios cualitativos son ejemplos de este tipo. La innovación procedimental requiere una evaluación de compatibilidad epistemológica más cuidadosa que la instrumental, porque modifica la relación entre el investigador, los datos y los sujetos.
El tercer tipo es la innovación paradigmática. Se produce cuando la adopción de un método nuevo implica una revisión sustantiva de los supuestos ontológicos o epistemológicos del diseño. Este es el tipo de innovación más exigente y más fecundo: abre dimensiones del problema que el paradigma anterior no podía iluminar, pero requiere una negociación epistemológica explícita que el investigador debe estar en condiciones de sostener. No toda investigación aplicada está en condiciones de asumir este tipo de innovación en todos sus proyectos, pero una cultura metodológica sólida debe reconocerla como posible y deseable en determinadas circunstancias.
4. La adopción cosmética: factores que la favorecen
Si la innovación metodológica genuina es posible y deseable, ¿qué produce la adopción cosmética? Identificar los factores que la favorecen no es un ejercicio crítico en sentido negativo: es el paso necesario para construir las condiciones que permitan superarla.
El primero de estos factores es la presión de legitimación externa. En los contextos de investigación por encargo, los mandantes suelen reconocer y valorar métodos con los que están familiarizados o que han visto aplicados en contextos comparables. La innovación metodológica real puede generar incertidumbre: si el financiador no comprende el método, puede cuestionar su pertinencia. En ausencia de una cultura metodológica compartida entre investigadores y mandantes, la tendencia natural es hacia métodos que sean reconocibles antes que hacia métodos que sean los más adecuados. Este fenómeno opera con independencia de la voluntad de los investigadores involucrados: es una presión estructural del campo.
En el contexto latinoamericano, Gómez Cruz y Ardévol (2023) documentaron este fenómeno en relación con los métodos digitales: la incorporación de herramientas del Norte Global sin mediación epistemológica tiende a reproducir —en nuevas formas técnicas— dependencias metodológicas que la innovación pretendía superar, configurando lo que los autores denominan una importación cosmética de prácticas investigativas.
El segundo factor es la inercia formativa. Los investigadores aplican los métodos que aprendieron, en las versiones en que los aprendieron. La actualización metodológica requiere tiempo, acceso a literatura especializada y, frecuentemente, experiencia supervisada con el nuevo método. En contextos de alta presión operativa, esa actualización se pospone indefinidamente. El resultado es una brecha creciente entre el estado del arte metodológico y la práctica efectiva, que se cierra ocasionalmente mediante la adopción superficial de métodos emergentes sin una comprensión profunda de sus fundamentos.
El tercer factor es la confusión entre novedad y pertinencia. Un método puede ser nuevo para el investigador, o nuevo en el campo específico en que se aplica, sin ser conceptualmente innovador. Y un método puede ser conceptualmente innovador sin ser pertinente para el problema específico que se investiga. La adopción cosmética suele producirse cuando se confunde la novedad con la pertinencia: se adopta un método porque es novedoso, no porque sea el más adecuado para responder la pregunta de investigación. Esta confusión se agrava cuando los incentivos del campo —la visibilidad, el acceso a financiamiento, el posicionamiento ante pares— premian la adopción de lo que está de moda antes que la coherencia metodológica.
El cuarto factor, señalado por Bourdieu (1975) en su análisis del campo científico, es la imposición implícita de definiciones de la buena ciencia por parte de quienes ocupan posiciones dominantes en el campo. En el contexto latinoamericano, esto adopta frecuentemente la forma de la presión por incorporar métodos validados en contextos del Norte global, con independencia de su adecuación a las condiciones estructurales específicas de las realidades locales. La innovación cosmética puede entonces adoptar la forma de una actualización aparente que en realidad reproduce dependencias epistemológicas.
5. Una ruta de validación epistemológica para la adopción de métodos emergentes
La propuesta que se presenta a continuación es una ruta de validación epistemológica: un conjunto ordenado de preguntas que el investigador o consultor debe poder responder antes de incorporar un método emergente a su diseño. No es una lista de verificación burocrática; es un dispositivo de reflexión que hace explícito el razonamiento que debería preceder a toda decisión metodológica.
La primera pregunta es: ¿qué problema del diseño resuelve este método? Todo método emerge en respuesta a una limitación de los métodos disponibles para responder un tipo específico de pregunta. Antes de adoptar un método emergente, el investigador debe identificar con precisión qué limitación del diseño actual intenta superar. Si la respuesta es "no resuelve ningún problema específico, pero mejora la presentación de los resultados", es probable que la adopción sea cosmética. Si la respuesta identifica una dimensión del problema que los métodos disponibles no pueden capturar, la innovación tiene una justificación epistemológica sólida.
La segunda pregunta es: ¿desde qué supuestos ontológicos y epistemológicos opera este método? Todo método supone una teoría —aunque sea implícita— sobre la naturaleza de la realidad social y sobre el tipo de conocimiento que es posible producir sobre ella. El investigador debe poder explicitar esos supuestos y evaluar si son compatibles con los del enfoque general del diseño. Esta compatibilidad no requiere identidad: los métodos mixtos se basan precisamente en la productividad de la tensión entre paradigmas. Pero requiere que la tensión sea reconocida y trabajada analíticamente, no ignorada.
La tercera pregunta es: ¿en qué condiciones empíricas fue desarrollado este método, y en qué medida esas condiciones se reproducen en el contexto de aplicación? Los métodos son productos históricos y situados. Un método desarrollado en contextos de alta institucionalidad, con poblaciones con acceso a tecnología digital o con tradiciones de participación ciudadana consolidadas, puede producir resultados muy distintos —o directamente no funcionar— cuando se aplica en contextos con características estructurales diferentes. La traducción metodológica requiere evaluar la transferibilidad de un método antes de adoptarlo.
La cuarta pregunta es: ¿qué puede decir este método que los disponibles no pueden, y qué no puede decir? Todo método tiene un alcance y unos límites. La innovación genuina amplía el primero; la adopción cosmética frecuentemente los ignora. El investigador debe poder especificar con precisión qué tipo de afirmaciones permite el nuevo método y qué tipo de afirmaciones no permite. Esta delimitación no debilita la innovación: la hace más rigurosa y más honesta.
La quinta pregunta es: ¿qué capacidad técnica, teórica y práctica requiere la aplicación de este método, y con cuáles cuenta el equipo investigador? La adopción de un método para el que el equipo no tiene formación suficiente no es innovación: es riesgo metodológico. La ruta de validación no implica que el equipo deba dominar el método antes de adoptarlo —la formación en proceso es legítima y valiosa—, pero sí que la brecha entre la capacidad disponible y la requerida sea reconocida explícitamente y que se establezca un plan para gestionarla.
Estas cinco preguntas constituyen la ruta de validación epistemológica. Su aplicación no es un proceso lineal ni debe convertirse en un procedimiento burocrático: es un ejercicio de reflexión que puede realizarse de manera informal en la fase de diseño y que tiene como único objetivo asegurar que la decisión de adoptar un método emergente esté fundamentada en razones epistemológicas y no solo en razones de conveniencia, visibilidad o moda.
6. Discusión
La ruta de validación epistemológica propuesta en este artículo dialoga con tradiciones metodológicas diversas, pero comparte con todas ellas una convicción fundamental: que la calidad de una investigación no depende del método que usa, sino de la coherencia entre el método, el problema y el enfoque epistemológico. Druckman y Donohue (2020) documentaron que la innovación metodológica en ciencias sociales está produciendo herramientas con un alcance explicativo genuinamente ampliado; la propuesta de este artículo no cuestiona esa expansión, sino que ofrece un criterio para distinguir qué parte de ella representa un avance epistemológico real y qué parte representa una actualización cosmética.
La perspectiva de Gibbons et al. (1994) sobre el Modo 2 de producción de conocimiento es especialmente fecunda para pensar la innovación metodológica en contextos aplicados porque reconoce que la calidad no tiene un estándar único. En el Modo 2, la calidad se evalúa según criterios múltiples: el rigor técnico, la pertinencia para el problema, la utilidad para los actores involucrados y la reflexividad del proceso. La ruta de validación propuesta en este artículo es coherente con esta concepción pluralista de la calidad: no prescribe un método como más riguroso que otro, sino que establece las condiciones bajo las cuales cualquier método puede ser adoptado con rigor.
La perspectiva kuhniana sobre la inconmensurabilidad (Kuhn, 1962) introduce una advertencia que este artículo toma en serio: no todo método es portable entre paradigmas sin pérdida de coherencia. Esta advertencia no debe interpretarse como un argumento conservador a favor de la clausura paradigmática; debe interpretarse como un argumento a favor de la reflexividad epistemológica en el proceso de innovación. Los diseños de métodos mixtos más sólidos no son los que ignoran la inconmensurabilidad, sino los que la trabajan explícitamente como una fuente de productividad analítica.
Una tensión que merece reconocimiento explícito es la que existe entre la ruta de validación propuesta y las condiciones de tiempo y recursos de la investigación aplicada. En contextos de consultoría con plazos acotados, no siempre es posible realizar una evaluación epistemológica exhaustiva antes de cada decisión metodológica. Esta tensión no invalida la propuesta: señala que la ruta de validación debe internalizarse como disposición antes que practicarse como procedimiento. Un investigador con una cultura metodológica sólida aplica estas preguntas con naturalidad, en el curso normal del diseño, sin necesidad de detenerse formalmente ante cada una.
7. Conclusiones
Innovar sin improvisar es posible. La investigación social aplicada tiene ante sí un horizonte de posibilidades metodológicas genuinamente expansivo, y sería un empobrecimiento epistemológico renunciar a él por temor a la incoherencia. Pero esas posibilidades solo se realizan en su potencial cuando la innovación está fundamentada: cuando el investigador puede explicar qué problema resuelve el método nuevo, desde qué supuestos opera, en qué condiciones fue desarrollado, qué puede y qué no puede decir, y qué capacidades requiere.
La tipología propuesta —innovación instrumental, procedimental y paradigmática— ofrece un instrumento para situar cualquier decisión de adopción metodológica en el espectro de implicaciones epistemológicas que conlleva. La ruta de validación epistemológica traduce esa tipología en un conjunto de preguntas operacionalizables que pueden aplicarse en la fase de diseño, sin requerir recursos adicionales, pero sí una disposición reflexiva que es el corazón de la cultura metodológica que esta trilogía busca promover.
Este artículo es el segundo de una trilogía orientada a fortalecer la práctica metodológica en investigación social aplicada. El primero argumentó que el rigor es una postura epistémica antes que un procedimiento. Este segundo ha argumentado que la innovación genuina requiere validación epistemológica antes que adopción reactiva. El tercer artículo completará el argumento al mostrar que las decisiones metodológicas son también —siempre— decisiones éticas, y que la ética no es un capítulo del protocolo sino una dimensión constitutiva del diseño. Los tres artículos comparten la convicción de que una investigación social aplicada rigurosa, innovadora y éticamente comprometida no es una aspiración inalcanzable: es el resultado de una cultura metodológica que trata estas tres condiciones como dimensiones complementarias de un mismo compromiso con la producción de conocimiento socialmente relevante.
Referencias
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