Hinkelammert UtopraxisLat v1
La presente reseña analiza críticamente Dialéctica del desarrollo desigual (1970) de Franz Josef Hinkelammert, texto fundacional de la economía política crítica latinoamericana del período dependentista. El artículo reconstruye el aparato conceptual del libro —racionalidad económica, funcionalizació
RACIONALIDAD PERVERSA, PERIFERIA ESTRUCTURAL Y SUBDESARROLLO COMO DESTINO:
FRANZ HINKELAMMERT Y LOS LÍMITES HISTÓRICOS DEL CAPITALISMO PERIFÉRICO SALVADOREÑO
José Raúl Dubón Huezo
RESUMEN
La presente reseña analiza críticamente Dialéctica del desarrollo desigual (1970) de Franz Josef Hinkelammert, texto fundacional de la economía política crítica latinoamericana del período dependentista. El artículo reconstruye el aparato conceptual del libro —racionalidad económica, funcionalización social, estancamiento dinámico, periferia desequilibrada— y argumenta que su tesis estructurante constituye una impugnación sistemática tanto al economicismo desarrollista como al marxismo ortodoxo: el subdesarrollo no es atraso cuantitativo sino producto estructural de la aplicación del criterio capitalista de racionalidad en condiciones periféricas. La reseña evalúa la vigencia contemporánea de estas categorías frente a los procesos de financiarización y dependencia tecnológica, y las aplica al caso salvadoreño, trazando una continuidad histórico-estructural desde la república cafetalera del siglo XIX hasta el capitalismo periférico contemporáneo —dolarización, remesas, maquila y marketing digital de seguridad— como expresiones de la racionalidad perversa que Hinkelammert diagnosticó hace más de cinco décadas.
Palabras clave:
capitalismo periférico; dependencia; El Salvador; Hinkelammert; racionalidad económica.
ABSTRACT
This article critically reviews Franz Josef Hinkelammert's Dialectics of Unequal Development (1970), a foundational text of Latin American critical political economy from the dependency theory period. The article reconstructs the book's conceptual apparatus—economic rationality, social functionalization, dynamic stagnation, unbalanced periphery—and argues that its structuring thesis constitutes a systematic challenge to both developmentalist economicism and orthodox Marxism: underdevelopment is not quantitative backwardness but the structural product of applying the capitalist rationality criterion in peripheral conditions. The review assesses the contemporary relevance of these categories in the context of financialization and technological dependency, and applies them analytically to the Salvadoran case, tracing a historical-structural continuity from the nineteenth-century coffee republic to contemporary peripheral capitalism—dollarization, remittances, maquilas, and digital security marketing—as expressions of the perverse rationality Hinkelammert diagnosed more than five decades ago.
Keywords:
peripheral capitalism; dependency; El Salvador; Hinkelammert; economic rationality.
1. INTRODUCCIÓN
El capitalismo periférico no fracasa por accidente ni por deficiencias de gestión. Fracasa porque su propio criterio de racionalidad produce, de manera sistemática, aquello que prometía erradicar. Esta es la proposición central que Franz Josef Hinkelammert desarrolla en Dialéctica del desarrollo desigual (1970), texto que —publicado simultáneamente con la Unidad Popular de Salvador Allende y en el momento de mayor productividad del pensamiento dependentista latinoamericano— permanece como una de las impugnaciones más rigurosas que la teoría social crítica haya formulado contra las ilusiones desarrollistas y contra el optimismo modernizador de la segunda posguerra.
El libro emergió del trabajo colectivo del Centro de Estudios de la Realidad Nacional (CEREN) de la Universidad Católica de Chile, donde Hinkelammert colaboraba con Jacques Chonchol y participaba de los debates intelectuales que alimentaron el proyecto de la Unidad Popular. Publicado en los Cuadernos de la Realidad Nacional en diciembre de 1970 y editado ese mismo año por Amorrortu, el texto constituye uno de los documentos teóricos más densamente articulados de ese período. No es un texto de coyuntura. Es una teoría del espacio económico, de la racionalidad capitalista y de las contradicciones estructurales del subdesarrollo, que dialoga críticamente con Raúl Prebisch, Celso Furtado, André Gunder Frank, Theotonio dos Santos, y también con Herbert Marcuse y Maurice Godelier.[1]
La pregunta que Hinkelammert se formula en 1970 sigue siendo la pregunta correcta para entender América Latina en 2025: ¿por qué la aplicación del criterio de racionalidad capitalista produce en la periferia no el desarrollo que produce en los centros, sino su negación estructural? Su respuesta —que el mismo criterio que hace funcionar el capitalismo en los centros genera un funcionamiento perverso en la periferia— tiene consecuencias metodológicas y políticas que aún no han sido plenamente asimiladas.
Este artículo propone una lectura crítica de Dialéctica del desarrollo desigual en tres niveles. Primero, reconstruye el aparato conceptual del libro y la arquitectura interna de su argumento. Segundo, evalúa la vigencia contemporánea de sus categorías en el capitalismo global de la tercera década del siglo XXI, marcado por la financiarización, la dependencia tecnológica y las nuevas formas de colonialidad económica. Tercero —y esto constituye la apuesta interpretativa específica de este artículo— aplica el marco analítico de Hinkelammert al caso salvadoreño, trazando una continuidad histórico-estructural desde la economía cafetalera del siglo XIX hasta las transformaciones del capitalismo periférico contemporáneo.
El argumento central de esta reseña es que el libro de Hinkelammert no solo conserva valor historiográfico como documento de un debate ya clausurado. Sus categorías tienen una potencia explicativa que, bien aplicadas, permiten interpretar fenómenos actuales —la dolarización forzada, la economía de remesas, la maquila, el bitcoin como política de Estado, el marketing de seguridad como sustituto del desarrollo— como expresiones de la misma racionalidad perversa que el autor analizó en 1970. El subdesarrollo salvadoreño no es un accidente ni una etapa transitoria. Es, en sentido estricto hinkelammertiano, la presencia estructural de la ausencia de desarrollo.
2. CONTEXTO HISTÓRICO-INTELECTUAL: LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA Y SU MOMENTO
Hinkelammert escribe Dialéctica del desarrollo desigual en el momento de mayor densidad teórica de la economía política crítica latinoamericana. La segunda mitad de los años sesenta concentró un conjunto excepcional de debates sobre desarrollo, dependencia y capitalismo periférico que no encontraría equivalente posterior. Desde la CEPAL, Prebisch había articulado la tesis del deterioro de los términos de intercambio entre centros y periferias, sentando las bases del estructuralismo latinoamericano y legitimando la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) como estrategia de desarrollo. Celso Furtado había elaborado, en obras como Desarrollo y subdesarrollo (1961) y Dialéctica del desarrollo (1964), una teoría del estancamiento que ponía en cuestión la capacidad del capitalismo para industrializar los países dependientes.
Las vertientes marxistas de la teoría de la dependencia —Theotonio dos Santos, Ruy Mauro Marini, Vania Bambirra— trabajaban en el Centro de Estudios Socioeconómicos (CESO) de la Universidad de Chile y elaboraban una teoría de la superexplotación que vinculaba el intercambio desigual con las condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo en la periferia. André Gunder Frank, con su esquema metrópoli-satélite, había ofrecido una versión más estática de la dependencia centrada en la apropiación internacional del excedente. Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, en Dependencia y desarrollo en América Latina (1969), propusieron una lectura más matizada del desarrollo dependiente que reconocía espacios de acción interna y posibilidades de crecimiento en condiciones de dependencia.[2]
Hinkelammert ocupa en este campo intelectual una posición singular, a la vez interna y excéntrica. Es interno a la tradición dependentista en tanto comparte el diagnóstico de la especificidad cualitativa del subdesarrollo latinoamericano —la negativa explícita a reducirlo a mero atraso cuantitativo— y en tanto su análisis de la estructura económica periférica converge con las críticas dependentistas al desarrollismo. Pero es excéntrico respecto de las corrientes dominantes en varios sentidos: su formación en economía alemana, su doctorado en Berlín sobre la Unión Soviética, su inserción en la teología de la liberación y su crítica paralela de las ideologías del desarrollo, tanto capitalistas como marxistas ortodoxas, le otorgan un ángulo de análisis que no se confunde con ninguna de las escuelas en disputa.[3]
Su interlocución teórica en Dialéctica del desarrollo desigual es explícitamente plural: critica el economicismo estático de Samuelson, el estructuralismo de Althusser y Balibar, la concepción de la racionalidad de Godelier, y las limitaciones de la teoría clásica del imperialismo —Lenin, Luxemburgo, Hilferding— para captar la especificidad del subdesarrollo. Su posición es la de un marxismo heterodoxo que intenta superar tanto el evolucionismo etapista del marxismo soviético como el funcionalismo de la teoría de la modernización, construyendo una teoría de la racionalidad económica capaz de dar cuenta de la diferencia cualitativa entre desarrollo y subdesarrollo sin caer en el voluntarismo ni en el determinismo.
3. ARQUITECTURA CONCEPTUAL: RACIONALIDAD, ESPACIO Y SUBDESARROLLO
3.1. El concepto de desarrollo como funcionalización
El punto de partida teórico de Hinkelammert es la refutación de las dos interpretaciones dominantes del subdesarrollo en su época: el concepto economicista-estático (identificado con Samuelson y la economía neoclásica) y el concepto etapista-evolucionista (identificado tanto con el desarrollismo cepalino tardío como con el marxismo ortodoxo). Para ambas tradiciones, el subdesarrollo es atraso: diferencia cuantitativa entre países que transitarían históricamente por los mismos estadios. Hinkelammert rechaza esta operación conceptual porque cancela la historicidad del subdesarrollo, negando su especificidad presente: el país subdesarrollado contemporáneo no vive en el pasado de los países desarrollados; vive en el mismo presente histórico, impregnado por los efectos del desarrollo ajeno.
El concepto alternativo que construye Hinkelammert es el de desarrollo como funcionalización. La sociedad moderna —capitalista o socialista poscapitalista— se organiza en función de un criterio de racionalidad que tiene como contenido el crecimiento acumulativo de la producción de bienes materiales. Este criterio no es meramente económico en el sentido estrecho: es el principio que organiza todas las estructuras sociales —política, jurídica, cultural, ideológica— en torno a la maximización cuantitativa del crecimiento económico. La sociedad desarrollada es, en términos eufemísticos, una "sociedad del logro"; en términos menos eufemísticos, es víctima del "terrorismo del logro", sometida a la dictadura del criterio cuantitativo.
Esta teoría de la funcionalización le permite a Hinkelammert superar tanto el reduccionismo económico (que identifica estructura económica con estructura social) como el pluralismo estructuralista tautológico (que explica todo por interdependencia mutua de estructuras). La solución es conceptualmente elegante: las estructuras se determinan mutuamente, sí, pero dentro de los límites impuestos por el criterio de funcionalización económica que las articula en una totalidad. En este punto, Hinkelammert dialoga críticamente con Godelier[4] —quien no logra formular el criterio operacional de la racionalidad específica de la sociedad moderna— y con Althusser, cuya sobredeterminación permanece sin contenido operacional.
3.2. La teoría del espacio económico y el desequilibrio centro-periferia
La originalidad metodológica más notable del libro es la construcción de una teoría del espacio económico que fundamenta geoeconómicamente la formación de centros y periferias. Hinkelammert recurre a Von Thünen, Predöhl y Adolf Weber para argumentar que en un espacio económico homogéneo —misma fertilidad, misma tecnología, misma habilidad laboral en todos los puntos— se produce igualmente una diferenciación entre aglomerados de producción (centros) y zonas periféricas, a causa de las distintas elasticidades de escala y de espacio de los diferentes bienes. Los bienes manufacturados tienen alta elasticidad de escala y baja elasticidad de espacio; los bienes agrícolas, lo inverso. Esta asimetría genera espontáneamente la concentración industrial y la especialización agraria, aun sin diferencias naturales previas.
El argumento tiene consecuencias teóricas decisivas: la polarización centro-periferia no es resultado exclusivo de la violencia colonial ni de la acción intencional de los centros, sino de la lógica interna del sistema capitalista operando sobre un espacio económico con características físicas. Esto le permite a Hinkelammert superar la teoría clásica del imperialismo —que explicaba la dependencia por dominación colonial intencional— y demostrar que incluso países soberanos, al integrarse en el mercado capitalista mundial en determinadas condiciones históricas, se transformaron voluntariamente en periferias. Las clases dominantes latinoamericanas del siglo XIX no fueron víctimas de un complot: siguieron racionalmente su propio criterio capitalista de maximización de ganancias, que les ofrecía la integración periférica como alternativa más rentable que la revolución nacional burguesa.
Esta tesis explicativa tiene una dimensión adicional: el desequilibrio entre centros y periferias no tiende al equilibrio por el automatismo del mercado, sino que se reproduce y profundiza. La renta de emplazamiento producida por el desequilibrio espacial beneficia a los centros ya constituidos y penaliza a las periferias, creando un mecanismo de reproducción ampliada de la desigualdad. El capitalismo no es, en la periferia, la misma fuerza industrializadora que fue en los centros durante el siglo XIX. Es una fuerza que, al expandirse, reproduce la condición periférica.
3.3. Industrialización estrangulada y estancamiento dinámico
La teoría del estancamiento dinámico es el núcleo explicativo del subdesarrollo en la segunda mitad del siglo XX. Cuando las sociedades periféricas intentan industrializarse mediante la sustitución de importaciones, producen un enclave industrial que es dinámico en su interior —crece, tecnifica, produce bienes manufacturados— pero no tiene capacidad expansiva para arrastrar al conjunto de la economía. Hinkelammert explica este estrangulamiento a través del análisis de la estructura de inversión capitalista: el enclave industrial requiere importar medios de producción de alta tecnología que se pagan con las exportaciones de materias primas, reproduciendo exactamente la estructura triangular que define la periferia.
El dualismo estructural resultante —un polo industrial moderno y una periferia interna de masas marginadas— no es una etapa transitoria que el desarrollo ulterior resolvería, sino la forma estable del capitalismo periférico. Y aquí Hinkelammert invierte la lógica del DESAL y de las teorías de la marginalidad: el enclave industrial no es la parte desarrollada de un país subdesarrollado; es el factor que produce y reproduce el subdesarrollo. La industria moderna en la periferia destruye las producciones tradicionales competitivas, acapara el dinamismo productivo disponible, redistribuye regresivamente los ingresos para crear la demanda de sus bienes de alta tecnología, y genera presión inflacionaria cuando se intenta redistribuir ingresos hacia los sectores marginados.
Esta dinámica hace intrínsecamente imposible la política redistributiva como motor de desarrollo en condiciones periféricas: donde los centros desarrollados pudieron expandir su industrialización incorporando masas periféricas internas mediante redistribución de ingresos, la periferia latinoamericana no puede replicar ese proceso porque su industria opera bajo estrangulamiento externo. La solución redistributiva que funcionó en Europa no funciona en América Latina, no por incapacidad política sino por estructura económica.
3.4. Intereses de clase, racionalidad perversa y mitos burgueses
La articulación entre estructura económica y estructura de clases es el eje del análisis político de Hinkelammert. La clase dominante periférica no es irracional ni traicionera en sentido subjetivo: sigue exactamente el criterio de racionalidad capitalista cuando acepta la integración periférica, cuando forma alianzas con el capital extranjero y cuando defiende sus privilegios a costa del desarrollo nacional. El problema no es la mala voluntad de las élites sino que la racionalidad capitalista produce en la periferia una orientación de los intereses de clase que es racional para la clase y desestructurante para la sociedad. Esta es la racionalidad perversa: el mismo criterio que hace funcionar el sistema en los centros genera su disfuncionalidad en la periferia.
Cuando el sistema pierde legitimidad por su fracaso económico —incapacidad de incorporar las masas sobrantes al proceso productivo—, la clase dominante recurre a lo que Hinkelammert denomina las mitologías burguesas: ideologías que sustituyen la legitimación por eficiencia con mecanismos de control ideológico y terror institucionalizado. La teoría de la marginalidad, el desarrollismo tecnocrático, el anticomunismo, el control de los medios de comunicación de masas: todos son dispositivos para hacer aceptable un sistema que ha perdido su legitimidad económica. La campaña del terror —señala Hinkelammert— proyecta hacia afuera el miedo que debería dirigirse contra el sistema, creando un enemigo externo que justifica la violencia interna.
4. VIGENCIA CONTEMPORÁNEA: DEPENDENCIA, FINANCIARIZACIÓN Y NUEVAS PERIFERIAS
Preguntarse por la vigencia de Hinkelammert en 2025 no es un ejercicio de arqueología intelectual. Es una pregunta sobre si las categorías elaboradas para describir el capitalismo periférico de los años sesenta mantienen potencia explicativa frente a las transformaciones del capitalismo global. La respuesta que ofrece este artículo es afirmativa, con matices.
La financiarización del capitalismo contemporáneo no solo no contradice el análisis de Hinkelammert, sino que constituye una profundización de la lógica del estancamiento dinámico. Si en los años sesenta el capital extranjero penetraba la industria manufacturera como socio mayor de una burguesía nacional incapaz de industrializarse autónomamente, hoy el capital financiero penetra las economías periféricas mediante la deuda soberana, los títulos de deuda pública y los mecanismos de financiarización de la vida cotidiana —tarjetas de crédito, microcrédito, financiarización de las remesas— que reproducen la extracción de excedente descrita por Hinkelammert en términos industriales. La dependencia tecnológica —software propietario, plataformas digitales, infraestructura de datos controlada por corporaciones del Norte global— constituye una nueva forma de la relación entre medio de producción importado y materia prima exportada: el dato personal como nueva materia prima, la plataforma digital como nuevo enclave.
Las categorías de racionalidad perversa y mitología burguesa también conservan su pertinencia. El capitalismo de la vigilancia —analizado por Shoshana Zuboff[6]— reproduce en escala digital la lógica de control social que Hinkelammert describe en los medios de comunicación de masas. La ideología del emprendedurismo individual como solución al desempleo estructural es la nueva versión de la teoría de la marginalidad: convierte en problema individual lo que es producto de la estructura de clases. El marketing político digital —la construcción de liderazgos carismáticos mediante algoritmos y redes sociales— es la mitología burguesa contemporánea: un dispositivo para producir adhesión emocional a sistemas que han perdido su capacidad de legitimar por eficiencia económica.
Donde el análisis de Hinkelammert muestra sus limitaciones es en la explicación de los procesos de subjetivación y resistencia, que el texto de 1970 trata esquemáticamente mediante la categoría de intereses no materiales y el concepto de liberación. La teoría de la reproducción de la dominación es más poderosa en Hinkelammert que la teoría de los procesos de emancipación, lo cual refleja tanto los límites de su horizonte teórico como las condiciones históricas de escritura del texto. Esta limitación ha sido señalada por autores posteriores, particularmente desde la filosofía de la liberación de Enrique Dussel y las teorías de la colonialidad del poder.[5]
5. EL SALVADOR COMO PERIFERIA ESTRUCTURAL: UNA LECTURA DESDE HINKELAMMERT
5.1. La formación periférica del siglo XIX: café, oligarquía y dependencia original
El Salvador ilustra con una nitidez casi paradigmática la teoría de Hinkelammert sobre la formación de las periferias desequilibradas en la segunda mitad del siglo XIX. La economía cafetalera consolidada entre 1860 y 1930 siguió exactamente la lógica que el autor describe: las clases dominantes locales —la oligarquía agroexportadora— adoptaron la integración periférica como alternativa de acumulación más rentable que la industrialización autóctona. La especialización en el café, el añil y otros bienes primarios no era, desde el criterio capitalista de racionalidad de esas clases, una decisión irracional; era la opción que maximizaba sus ganancias en las condiciones del mercado capitalista mundial del siglo XIX.
El resultado fue la consolidación de una estructura económica triangular clásica: exportación de materias primas agrícolas, importación de bienes manufacturados de los centros, y una estructura de clases dominantes que ejercía su dominio sobre la tierra y la fuerza de trabajo campesina. Esta estructura no solo era viable en el siglo XIX: era lucrativa para las clases que la controlaban, lo que explica que hayan resistido sistemáticamente cualquier alternativa de industrialización nacional. La concentración de la tierra en pocas familias —la legitimación jurídica de la propiedad privada de los ejidos comunales mediante las leyes de extinción de ejidos de 1882— fue el dispositivo jurídico-político que materializó la estructura periférica.[7]
Hinkelammert advierte que la conciencia histórica del siglo XIX interpretaba esta transformación como el primer paso hacia el desarrollo. Las clases dominantes salvadoreñas no percibían el peligro estructural de la integración periférica porque el horizonte cognitivo de la época no permitía distinguir atraso de subdesarrollo. Fue solo en el siglo XX cuando se hizo evidente que el primer paso hacia el desarrollo había sido, en realidad, el primer paso hacia el subdesarrollo definitivo.
5.2. Industrialización estrangulada y crisis del populismo reformista (1950-1980)
El período de industrialización por sustitución de importaciones en El Salvador, impulsado bajo los gobiernos militares modernizadores desde los años cincuenta y acelerado con la constitución del Mercado Común Centroamericano (MCCA) en 1960, reproduce la dinámica de estancamiento dinámico que Hinkelammert describe. Se generó un enclave industrial —textiles, alimentos procesados, química básica— cuya expansión dependía de la importación de bienes de capital de los centros industriales, pagada con las exportaciones agropecuarias tradicionales. El dinamismo industrial no se tradujo en transformación de la estructura agraria ni en incorporación de las masas rurales al proceso productivo moderno.
La oligarquía cafetalera y la nueva burguesía industrial no siguieron el camino de una revolución nacional burguesa, exactamente como Hinkelammert predice para las clases dominantes periféricas: alianza entre capital industrial y clases tradicionales, resistencia a la reforma agraria, dependencia creciente del capital extranjero. La guerra civil de 1979-1992 fue el producto político de esta contradicción: las masas sobrantes —campesinos sin tierra, obreros industriales precarios, clases medias frustradas— desbordaron la capacidad del sistema de integrarlas mediante el desarrollismo reformista, y la clase dominante respondió con la violencia institucionalizada que Hinkelammert describe como el recurso de los sistemas que han perdido su legitimidad económica.
Los Acuerdos de Paz de 1992 no resolvieron la contradicción estructural que había producido la guerra. Como señala Segovia,[8] dejaron intacto el programa de ajuste estructural neoliberal que estaba en marcha desde que Alfredo Cristiani había llegado al poder en 1989, sin abordar la distribución de la tierra ni la concentración del capital. El fin de la guerra no fue el fin del subdesarrollo; fue la reconversión de sus formas.
5.3. Neoliberalismo, dolarización y la reconversión de la oligarquía (1989-2019)
El período neoliberal salvadoreño (1989-2009) bajo los gobiernos de ARENA ofrece una demostración empírica de la tesis hinkelammertiana sobre la racionalidad capitalista de las clases dominantes periféricas. La privatización, la desregulación, la dolarización de 2001 y la firma del CAFTA en 2004 no fueron errores de política económica: fueron decisiones racionales de una clase dominante que encontró en la apertura financiera y comercial una nueva forma de integración en el capitalismo mundial más rentable que la industrialización nacional. La antigua oligarquía cafetalera se reconvirtió en élite financiera y de servicios, reproduciendo en nuevas condiciones la misma lógica de acumulación que Hinkelammert identificó en el siglo XIX.[9]
La dolarización unilateral de 2001 es paradigmática. Al renunciar al tipo de cambio como instrumento de política económica, El Salvador eliminó uno de los pocos dispositivos disponibles para ajustar el costo relativo de su fuerza de trabajo ante las variaciones de la demanda externa, profundizando la dependencia estructural respecto de la economía estadounidense. La lógica, desde la perspectiva de los sectores importadores y financieros vinculados al capital estadounidense, era racional: estabilidad cambiaria, credibilidad financiera, reducción del riesgo para capitales extranjeros. El costo —pérdida de soberanía monetaria, dificultad para gestionar choques externos, presión deflacionaria sobre salarios— lo asumieron las clases trabajadoras.
Las remesas, que para 2004 representaban el 70% de las fuentes de divisas frente al 81% de agroexportaciones tradicionales en 1978,[10] no son un sustituto del desarrollo sino, en términos hinkelammertanos, una expresión del estancamiento dinámico. La migración masiva no es producto de una elección libre individual; es la respuesta racional de una fuerza de trabajo que el capitalismo periférico no puede incorporar productivamente. Las remesas estabilizan el consumo, financian las importaciones y reproducen la dependencia de un modelo económico incapaz de generar empleo productivo internamente. Nutren el circuito comercial importador —las grandes cadenas de distribución y los servicios financieros vinculados a las élites— sin alterar la estructura de acumulación.
5.4. El capitalismo periférico contemporáneo: bitcoin, marketing y la mitología del desarrollo
El período de Nayib Bukele (2019 al presente) ofrece un caso de estudio de singular relevancia para la categoría hinkelammertiana de mitología burguesa y racionalidad perversa. La adopción del bitcoin como moneda de curso legal en 2021 —primera y única experiencia de este tipo en el mundo— no fue una política de desarrollo: fue, en términos estructurales, la renovación de la dependencia tecnológica bajo un nuevo formato. La infraestructura de la Ley Bitcoin —Chivo Wallet, los nodos de la red Lightning, el hardware de minería— dependía de tecnología propietaria de empresas del Norte global. La promesa de inclusión financiera para los no bancarizados se reveló ilusoria: la adopción voluntaria entre la población fue marginal, y el gobierno salvadoreño derogó la obligatoriedad del bitcoin como moneda de curso legal en 2024 bajo condicionamiento del FMI.[11]
Este episodio expone con nitidez la estructura jerárquica del capitalismo periférico: cuando la política monetaria del Estado periférico contradice las exigencias del sistema financiero internacional, es la primera que cede. El FMI condicionó un préstamo de 1,400 millones de dólares a la supresión de la obligatoriedad del bitcoin, produciendo una reversión de política que Hinkelammert habría reconocido como demostración empírica directa: la soberanía monetaria —renunciada con la dolarización de 2001 y ficticiamente recuperada mediante el bitcoin— se reveló, una vez más, como ilusión de un capitalismo periférico incapaz de establecer los términos de su propia integración en el mercado mundial.
Los datos macroeconómicos del período 2019-2024 confirman que el marketing de seguridad no ha alterado la lógica estructural del capitalismo periférico. La pobreza total aumentó del 22.8% al 27.2%, y la pobreza extrema se duplicó, pasando del 4.5% al 8.8%, con incidencia especialmente aguda en zonas rurales, donde alcanzó el 11%.[12] El crecimiento del PIB fue de 3.5% en 2023 y descendió al 2.6% en 2024, por debajo del promedio centroamericano.[13] La deuda pública alcanzó el 88.9% del PIB, una de las más elevadas del continente, evidenciando la contradicción estructural entre el gasto en seguridad y la sostenibilidad fiscal. El patrón del gasto público ilustra el desplazamiento de prioridades: el presupuesto 2025 redujo en 126.8 millones de dólares la asignación conjunta de Educación y Salud, mientras la Secretaría de Comunicaciones aumentó un 135% respecto a 2022.[14] Este patrón es una expresión empírica precisa de la mitología burguesa hinkelammertiana: la sustitución de la legitimación por eficiencia mediante dispositivos de control ideológico financiados con recursos públicos.
Más significativo que el fracaso técnico del bitcoin es el análisis estructural: fue una mitología desarrollista en sentido hinkelammertiano. Proyectó la imagen de un salto tecnológico que convertiría a El Salvador en un hub de innovación financiera global, desplazando el debate sobre la estructura productiva, la distribución del ingreso, la reforma agraria pendiente y la dependencia de remesas. El marketing de seguridad —la construcción internacional de la imagen de El Salvador como país transformado por la mano dura— es precisamente el tipo de mitología burguesa que Hinkelammert describe: un dispositivo ideológico que desplaza la atención de las contradicciones estructurales del capitalismo periférico hacia una dimensión de legitimación por orden público. La reducción de homicidios es real y tiene efectos sobre la inversión y el consumo. Pero no altera la estructura de clases, no redistribuye la propiedad, no reduce la dependencia de remesas, no genera industrialización endógena.
La migración continuó acelerándose durante el gobierno Bukele: los salvadoreños lideraron las solicitudes de asilo en México y ocuparon posiciones altas entre los migrantes irregulares en la frontera norte. Esto confirma la tesis de que la racionalidad capitalista periférica produce masas sobrantes que el sistema no puede integrar, independientemente de las políticas de seguridad implementadas. La migración no es un fenómeno cultural ni de preferencias individuales; es la respuesta estructural de una fuerza de trabajo a la que el capitalismo periférico niega incorporación productiva. El subdesarrollo estructural —la presencia de la ausencia del desarrollo, en los términos exactos de Hinkelammert— permanece intacto bajo la superficie del marketing gubernamental.
6. DISCUSIÓN CRÍTICA: ALCANCES Y LÍMITES DEL ANÁLISIS
La lectura de Dialéctica del desarrollo desigual desde el presente permite identificar tanto la pertinencia duradera de sus categorías como las tensiones que el texto no resuelve. El análisis que hace Hinkelammert de la racionalidad perversa del capitalismo periférico es de un rigor formal notable y conserva capacidad explicativa frente a fenómenos contemporáneos que el autor no podía anticipar. La teoría del espacio económico es una contribución genuina que no ha sido suficientemente valorada en las discusiones sobre geografía económica crítica latinoamericana.
Sin embargo, el texto exhibe dos tensiones analíticas que merecen explicitación. La primera es la relativa subestimación de la agencia política de las clases subalternas en la transformación de las estructuras periféricas. El análisis de Hinkelammert es, en su lógica interna, fuertemente estructural: las clases dominantes siguen el criterio capitalista de racionalidad casi mecánicamente, y las masas sobrantes aparecen más como efecto del sistema que como sujetos con capacidad transformadora autónoma. La categoría de intereses no materiales y el concepto de liberación, desarrollados en la segunda parte del libro y en sus obras posteriores, intentan abrir este espacio, pero de manera insuficiente en la arquitectura teórica de Dialéctica del desarrollo desigual.
La segunda tensión es la relación entre la crítica del capitalismo y la crítica del socialismo real. Hinkelammert tiene el mérito de cuestionar simultáneamente ambas opciones históricas en el nivel de la racionalidad económica: muestra que el socialismo soviético también aplica el criterio de funcionalización hacia el crecimiento acumulativo y que puede reproducir las mismas lógicas de dominación. Pero la alternativa que propone —un socialismo de liberación basado en intereses no materiales, articulado con el humanismo cristiano y el cubano— permanece subdesarrollada como programa político concreto, lo que refleja tanto las limitaciones del horizonte político de 1970 como los límites estructurales de toda la tradición crítica latinoamericana de ese período.
7. CONCLUSIONES
Dialéctica del desarrollo desigual no es un texto para historiadores de las ideas. Es un instrumento teórico para comprender el capitalismo periférico en su funcionamiento estructural. La tesis que Hinkelammert desarrolla en 1970 —que el subdesarrollo es la presencia estructural de la ausencia de desarrollo, producida por la aplicación del criterio capitalista de racionalidad en condiciones periféricas— conserva su potencia explicativa frente al capitalismo latinoamericano del siglo XXI.
El caso salvadoreño no es la excepción; es el caso que mejor ilustra la continuidad del mecanismo. Desde la oligarquía cafetalera del siglo XIX hasta el marketing digital de seguridad del siglo XXI, la estructura de reproducción del subdesarrollo se ha mantenido operativa bajo formas cambiantes: café, maquila, remesas, bitcoin. En cada momento, las clases dominantes han seguido el criterio capitalista de racionalidad que las integra al capitalismo mundial de la manera menos costosa para ellas y más desestructurante para la sociedad. En cada momento, cuando el sistema ha perdido legitimidad económica, ha recurrido a mitologías que desplazan la atención hacia sustitutos del desarrollo: anticomunismo, seguridad ciudadana, innovación tecnológica.
La contribución específica de este artículo ha sido demostrar que el aparato conceptual de Hinkelammert —racionalidad perversa, estancamiento dinámico, mitologías burguesas, estructura de clases periférica— permite una lectura histórico-estructural del capitalismo salvadoreño que supera tanto el análisis coyuntural como el institucionalismo tecnocrático dominante en la literatura de desarrollo. La pregunta que queda abierta para investigaciones futuras es si las transformaciones recientes del patrón de acumulación salvadoreño —particularmente la centralización política sin transformación económica del período 2019-2025— representan una nueva variante del ciclo de legitimación ideológica que Hinkelammert describió, o si contienen elementos cualitativamente nuevos que requieren revisión categorial.
Lo que el texto de 1970 sigue señalando con implacable precisión es que ninguna política de desarrollo que no altere la estructura de clases y la lógica de integración periférica al capitalismo mundial puede producir resultados diferentes a los que ya produjo. El capitalismo periférico salvadoreño no ha encontrado todavía la alternativa de esa lógica. Mientras no la encuentre, el subdesarrollo seguirá siendo, en el sentido exacto de Hinkelammert, su condición estructural permanente.
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NOTAS
[1] HIDALGO-CAPITÁN, A. L. (2024). "Franz Hinkelammert (1931-2023): Biografía intelectual y contribuciones al pensamiento crítico latinoamericano desde una teología profana". Revista Iberoamericana de Estudios de Desarrollo. https://doi.org/10.26754/ojs_ried/ijds.9977; MORA JIMÉNEZ, H. (2020). "El laboratorio teórico de Franz Hinkelammert". Temas de Nuestra América. Revista de Estudios Latinoamericanos. Vol. 27, n.º 27. Disponible en: https://www.redalyc.org/journal/279/27971592009/html/
[2] DOS SANTOS, T. (2002). Teoría de la dependencia. Balance y perspectivas. Plaza y Janés, México. KATZ, C. (2016). "El surgimiento de las teorías de la dependencia". CADTM. Disponible en: https://www.cadtm.org
[3] Véase nota 1.
[4] GODELIER, M. (1966). Rationalité et irrationalité en économie. Maspero, Paris. Hinkelammert dialoga con Godelier sobre la racionalidad económica como categoría sociológica, criticando la incapacidad del autor para formular el criterio operacional de la racionalidad específica de la sociedad moderna.
[5] QUIJANO, A. (2000). "Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina". En: LANDER, E. (comp.). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. CLACSO, Buenos Aires; MIGNOLO, W. (2016). El lado más oscuro del Renacimiento: alfabetización, territorialidad y colonización. Universidad del Cauca, Colombia. (Original publicado en 1992).
[6] ZUBOFF, S. (2019). The Age of Surveillance Capitalism. PublicAffairs, New York.
[7] LUNGO, M. (1997). La tierra en El Salvador. FUNDE, San Salvador. [Nota del autor: referencia pendiente de verificación de datos específicos de páginas].
[8] SEGOVIA, A. (2002). Transformación estructural y reforma económica en El Salvador. F&G Editores, Guatemala.
[9] SEGOVIA, A. (2002). Op. cit. ÁLVAREZ-RIVAS, J. (2014). "Neoliberalismo y modernización del estado en El Salvador. Análisis de tres procesos: privatización, desregularización y descentralización". Academia.edu. Disponible en: https://www.academia.edu/1081535
[10] PNUD. (2005). Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador 2005. Una mirada al nuevo nosotros. El impacto de las migraciones. PNUD, San Salvador.
[11] FMI. (2024). Comunicado de Prensa n.º 24/467: El Directorio Ejecutivo del FMI aprueba Acuerdo de Facilidad Ampliada del FMI (SAF) con El Salvador por DEG 1,033 millones (aproximadamente US$1,400 millones). 18 de diciembre de 2024. Disponible en: https://www.imf.org/es/News/Articles/2024/12/18/pr24467-imf-executive-board-approves-eff-arrangement-for-el-salvador
[12] DIGESTYC. (2023). Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples 2023. Dirección General de Estadística y Censos, Ministerio de Economía, San Salvador. Datos recapitulados en: Infodemia. (2024, 24 de julio). "La pobreza y desigualdad ha aumentado desde la llegada de Nayib Bukele al poder". https://infodemia.com.sv/la-pobreza-y-desigualdad-ha-aumentado-desde-la-llegada-de-nayib-bukele-al-poder
[13] BCR. (2024). Estadísticas macroeconómicas. Banco Central de Reserva de El Salvador. El dato de crecimiento 2024 (2.6%) corresponde al seguimiento de: Izquierda Web. (2025, julio). "La realidad detrás del régimen autoritario de Bukele". https://izquierdaweb.com/la-realidad-detras-del-regimen-autoritario-de-bukele
[14] El dato de deuda pública (88.9% del PIB) y el patrón del gasto presupuestario 2025 corresponden a: Izquierda Web. (2025, julio). Op. cit. Se recomienda verificar con el Presupuesto General del Estado 2025, Ministerio de Hacienda de El Salvador, disponible en: https://www.hacienda.gob.sv
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